Breve antología de Carlos VII

Yo me debo a mi mismo y a tantos como se han sacrificado por nuestra familia y conservan en sus corazones el principio de la legitimidad, el mantener intactos mis derechos. El partido carlista exige, con justa razón, saber quién es hoy su jefe; y si V., renunciando a sus derechos, no quiere serlo, lo soy yo desde aquel momento.

Carta del príncipe Carlos a su padre Juan III (Septiembre de 1866)

Os hago saber que he decidido adoptar, y por la presente adopto, el título de incógnito de Duque de Madrid, que a imitación de mis venerados abuelo y tío Carlos V y Carlos VI, al adoptar, respectivamente, los de Conde de Molina y de Montemolín, el 18 de mayo de 1845, llevaré, mientras la Divina Providencia, en sus inescrutables designios, no me llame al Trono de mis mayores que, por la renuncia paterna de esta fecha, me corresponde de derecho.

Real Resolución comunicada a sus consejeros (3 de octubre de 1868)

Si Dios y las circunstancias me colocan en el Trono de las Españas, me esforzaré en conciliar lealmente las instituciones útiles de nuestra época, con las indispensables de lo pasado, reservándome la grande y difícil tarea de dotar a mi querida Patria, juntamente con las Cortes Generales, libremente elegidas, de una ley fundamental que, según espero, será a la vez española y definitiva.

Comunicación de Carlos VII a los Soberanos de Europa (22 de octubre de 1868)

La España antigua necesitaba de grandes reformas; en la España moderna ha habido grandes trastornos. Mucho se ha destruido, poco se ha reformado. Murieron antiguas instituciones, algunas de las cuales no pueden renacer; se ha intentando crear otras nuevas, que ayer vieron la luz y se están ya muriendo. Con haberse hecho tanto, está por hacer casi todo. Hay que acometer una obra inmensa: una inmensa reconstrucción social y política, levantando en este país desolado, sobre bases cuya bondad acreditan los siglos, un edificio grandioso en que puedan tener cabida todos los intereses legítimos y todas las opiniones razonables (…) Ama el pueblo español la descentralización y siempre la amó; y bien sabes, mi querido Alfonso, que si cumpliera mi deseo, así como el espíritu revolucionario pretende igualar las Provincias Vascas a las restantes de España, todas éstas semejarían o se igualarían en su régimen interior con aquellas afortunadas y nobles provincias. Yo quiero que el Municipio tenga vida propia, y que la tenga la Provincia (…) Reputo por error muy funesto la libertad de comercio, que Francia repugna y rechazan los Estados Unidos. Entiendo, por el contrario, que debe protegerse eficazmente la industria nacional. Progresar protegiendo debe ser nuestra fórmula (…) Por cuanto paréceme comprender lo que hay de verdad y de mentira en estas teorías, se me alcanza también en qué puntos lleva razón la parte del pueblo, que hoy parece más extraviada; pero es seguro que casi todo lo que hay en sus aspiraciones de razonable y legítimo no es invención de ayer, sino doctrinas de antiguo conocidas, aunque no siempre, y singularmente en el tiempo actual, observadas.

Carta-Manifiesto a su hermano D. Alfonso (30 junio de 1869)

Una pérdida muy sensible ha puesto de realce la unidad y la grandeza de la España católica y monárquica. Como si fuera un solo hombre se ha levantado y gritado: ¡Dios, Patria, Rey! Y el Rey , al oír ese grito que amaron nuestros padres, eleva más alta la bandera española, y pidiendo a Dios que la bendiga, da gracias a todos en nombre de la Patria.

Carta-Manifiesto al presidente de la Junta Central Católico Monárquica, Marqués de Villadarias (8 de junio de 1870)

Intrépidos catalanes, aragoneses y valencianos: Hace un siglo y medio que mi ilustre abuelo Felipe V creyó deber borrar vuestros fueros del libro de las Franquicias de la Patria. Lo que él os quitó como Rey, yo como Rey os lo devuelvo; que si fuisteis hostiles al fundador de mi dinastía, baluarte sois ahora de su legítimo descendiente. Yo os devuelvo vuestros fueros, porque soy el mantenedor de todas las justicias, y para hacerlo, como los años no transcurren en vano, os llamaré, y de común acuerdo podremos adaptarlos a las exigencias de nuestros tiempos. Y España sabrá, una vez más, que en la bandera donde está escrito Dios, Patria y Rey están escritas todas las legítimas libertades.

Manifiesto a los Pueblos de la Corona de Aragón (16 de julio de 1872)

España es católica y monárquica, y Yo satisfaré sus sentimientos religiosos y su amor a la integridad de la Monarquía legítima. Pero ni la unidad católica supone un espionaje religioso, ni la integridad monárquica tiene nada que ver con el despotismo.

Manifiesto de Morentín (16 de julio de 1874)

Jefe de la augusta familia de Borbón de España, contemplo con honda pena la actitud de Mi primo Alfonso, que, en la inexperiencia propia de su edad, consiente ser instrumento de aquellos mismos que, a la vez que a su madre, le arrojaron de su Patria entre la befa y el escarnio.

Manifiesto de Deva (6 de enero de 1875)

Es tan grande el gozo que experimento después de haber jurado espontáneamente vuestros Fueros, buenos usos y costumbres, como imponente y majestuoso el espectáculo que dais a la Europa, proclamando solemnemente a vuestro legítimo Señor, bajo el Árbol sagrado de vuestras venerandas libertades.

Jura y Proclamación de S.M. D. Carlos VII de Borbon y Austria Este, Rey de las Españas, como Señor de Vizcaya, realizadas solemnemente só el Árbol de Guernica (3 de julio de 1875)

Si el éxito no ha coronado por ahora nuestro esfuerzo, esto ni disminuye en nada lo grandioso de nuestra empresa, ni oscurece los heroicos hechos que habéis cometido para llevarla a cabo.

Despedida a los voluntarios en Valcarlos (28 de febrero de 1876)

Siguiendo las tradiciones de mi familia, conoceré el camino del destierro, pero jamás podré prestarme a convenios deshonrosos y desleales, contrarios a la dignidad del que, como yo, tiene la consciencia de lo que significa y de lo que representa.

Manifiesto de Pau (1 de marzo de 1876)

Todas las hazañas que soñaba cuando en mi primera juventud y en la tierra de la proscripción pensaba lo que podía hacer con vuestra ayuda, las habéis realizado, Montejurra, Somorrostro, Abárzuza, Urnieta, Lácar y tantos otros nombres ilustres son otros pasos que habéis dado en el camino de la gloria, y gloriosamente seguidos por vuestros hermanos de las demás provincias.

Alocución a los voluntarios (1 de marzo de 1876)

Hoy que el Gobierno de Madrid ha realizado su obra de destrucción, Yo, Rey y Señor de estas nobles provincias, debo recordar que recibí juramento solemne, que me han proclamado y que bajo el Árbol sagrado de Guernica, como en las Juntas de Villafranca, juré guardar sus Fueros, buenos usos y costumbres (…) Alzo mi voz, y uniéndola a la del pueblo vasco oprimido, y a la de todos los hombres de bien de España, protesto contra un decreto inocuo, contra un nuevo atentado de la Revolución a instituciones venerables, consagradas por la ley y por los siglos.

Carta al Teniente General Marqués de Valde-Espina (15 de mayo de 1877)

Creía faltar a mi deber si no uniese mi voz a la voz de la universal indignación, y a ti, valeroso y fidelísimo sostén de las gloriosas tradiciones catalanas, te ruego que seas el intérprete de mis sentimientos cerca de nuestros amigos de esas provincias. La primera vez que hablé solemnemente a la faz del mundo, fijos los ojos en la laboriosa Cataluña, cuidé de declarar que mis ideales políticos se reducían, por lo que atañe a la industria, de progresar protegiendo. Y mi instinto español, más todavía que mi experiencia, me indujo a proclamarme entonces enemigo del librecambio, que los Estados Unidos rechazan y que Francia, a la sazón, no admitía.

Carta a Luis María de Llauder (17 de mayo de 1882)

Mi querido Cerralbo: A nadie mejor que a ti puedo designar para que me representes en la inauguración del monumento a Zumalacárregui (…) Sobre la tumba del invicto Capitán eúskaro deposita una corona en mi nombre y di a los hijos de aquella raza varonil, cuyas virtudes personificaba el gran caudillo, que en la figura de su inmortal compatriota, saludo dos ideales que aprendí a reverenciar desde la infancia: el soldado español y el libre ciudadano vasco.

Carta al Marqués de Cerralbo (10 de diciembre de 1886)

Todo lo que tenga relación con el primer lema de nuestra bandera, no puedo resolverlo yo por mi mismo. La Iglesia es la que ha de fijarlo, sin lo cual invadiría yo el terreno de las conciencias y usurparía atribuciones que no corresponden a un Rey católico.

Atribuye gran parte de los males de España a la centralización y a la abolición de los fueros, que han muerto la vida, la libertad y la dignidad de las provincias, los cuales cree de imperiosa necesidad restablecer, así como curar los males de la centralización. Se ha fijado en el desarrollo y en la índole de catalanismo en nuestro Principado, y lo considera como fruto natural de la centralización, desnaturalizado e infecundo para los que quieren hacer de él elemento revolucionario o base de utopía impracticables, y pudiendo sólo hallar legitima satisfacción dentro del programa de don Carlos. Para lo cual cree que deben fomentar nuestros amigos la tendencia legitima y sana del catalanismo, interviniendo para encauzarlo por el buen camino, dentro de la unidad nacional.

Artículo de Luis María de Llauder: “El pensamiento del Duque de Madrid” (14 de marzo de 1888)

Imbuidos por el espíritu revolucionario, a pesar de sus protestas de falsa intransigencia, a mis afectuosas advertencias públicas y privadas han respondido con las más odiosas invenciones contra mí y contra mis servidores de más probada confianza. Ora han supuesto que yo me erigía en juez de la doctrina religiosa, ora que invertía los lemas de nuestra Bandera sacrosanta, ora que buscaba acomodamientos con la Revolución. Ha llegado, en suma, su aberración inconcebible hasta calificar de liberales mis Manifiestos.

Manifiesto del Loredan (10 de julio de 1888)

Apruebo el programa que me sometes y confío que el nuevo periódico ha de estar a la altura de su misión: defender la Religión, la Patria y la Monarquía, pero sin suplantarlas; servirlas, pero no sustituirse a ellas. Un periódico ha de ser ante todo un periódico, no un púlpito. De esta usurpación del magisterio doctrinal o de la dirección política es de lo que más encarecidamente te encargo apartarte. Ni la Prensa tiene misión religiosa propiamente docente ni facultades directivas. El olvido de esta verdad elemental ha sido causa de hondas perturbaciones religiosas y políticas, cuyas huellas debe borrar “El Correo Español” con una conducta diametralmente opuesta.

Carta a Luis María de Llauder (20 de septiembre de 1888)

Mi querido Orbe: Deseando dar a mi fiel Vizcaya una muestra del particular agrado con que he recibido la noticia del Certamen dispuesto para conmemorar el XIV aniversario de la Jura de los Fueros, he decidido contribuir a las fiestas del 3 de julio con un premio.

Carta al coronel José María de Orbe (23 de marzo de 1889)

Sean cuales fueren las circunstancias que la Providencia nos depare, mantendré en mis manos, inmaculada y enhiesta, hasta el último suspiro de mi vida, esa enseña que tuve al lado mío en todos los combates, y que mi venerado abuelo Carlos V llevaba también consigo en la guerra en que les acompañaron vuestros padres y algunos de vosotros.

Mensaje a los veteranos catalanes (9 de noviembre de 1890)

El nombre de Guernica me recuerda el mutuo juramento que solemnemente cambiamos a la sombra del Roble secular el país y yo. Envidien los jóvenes a los que tuvieron la dicha de contemplar aquel grandioso cuadro. En él se destacaban, como figuras principales, la fe y la noble independencia, dando la mano a la fidelidad más acendrada. Probó aquel acto que en nuestra Monarquía, libertad y autoridad no se excluyen. Basta que ambas sean legítimas para que fraternalmente se abracen. Vizcaya lo sabe, y yo, su Señor, único por ella jurado, no lo olvidaré jamás.

Real Autógrafo en el Álbum de la Sociedad Tradicionalista de Guernica (7 de julio de 1892)

¡Cuántas veces, encerrado en mi despacho, en las largas horas de mi largo destierro, fijos los ojos en el estandarte de Carlos V, rodeado de otras cincuenta banderas, tintas en sangre nobilísima, que representan el heroísmo de un gran pueblo, evoco la memoria de los que han caído como buenos combatientes por Dios, la Patria y el Rey! (…) Nosotros, continuadores de su obra y herederos de las aspiraciones de todos ellos, tenemos el deber ineludible de honrar su memoria. Con este objeto propóngome que se instituya una fiesta nacional en honor de los mártires que, desde el principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, y designo para celebrarla el 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi Abuelo Carlos V.

Carta al Marqués de Cerralbo (5 de noviembre de 1895)

Las tradiciones veneradas que constituyen la Patria porque son la expresión de la vida nacional organizada por los siglos, se resumen en estas tres grandiosas afirmaciones: la Unidad Católica, que es la tradición en el orden religioso y social; la Monarquía, tradición fundamental en el orden político; y la libertad fuerista y regional, que es la tradición democrática de nuestro pueblo.

Acta de Loredan (Enero de 1897)

El mismo sagrado compromiso hubiera contraído en cada una de las regiones de la Patria española, una e indivisible, según ofrecí a Cataluña, Aragón y Valencia, si materialmente me hubiera sido posible. De esta suerte, identificados y confundidos en todos los españoles, dignos de este nombre, su deber de vasallos leales con su dignidad de ciudadanos libres, compenetrados en mí la potestad Real y el alto magisterio de primer custodio de las libertades patrias he podido creer, y puedo afirmar con toda verdad, que donde quiera que me hallase, llevaba conmigo la Covadonga de la España moderna.

Testamento político (6 de enero de 1897)

Recomienda, pues, a los nuestros que, sin pompas dispendiosas ni gastos superfluos, antes bien con la antigua y característica austeridad española, conmemoren ese día, reuniéndose sobre todo al pie de los altares y en los cementerios donde reposan las cenizas de nuestros mártires, y que no son mansiones de muerte, sino recintos de vida y foco de legítimas esperanzas.

Carta a Matías Barrio y Mier (21 de febrero de 1899)

Esto he afirmado constantemente enfrente de esos poderes arbitrarios del parlamentarismo, que no sólo regatean, sino que niegan hasta un simple concierto económico a pueblos que tenían el derecho, que la verdadera Monarquía les garantiza, de administrase a sí mismos.

Quien juró sobre la Hostia consagrada, bajo el Árbol de Guernica, como Señor de Vizcaya, sus fueros venerandos, y como Rey los de Guizpúzcoa, en Villafranca, y que estuvo a punto de realizarlo en Navarra si causas materiales de momento no le hubieran impedido reunir sus Cortes, tendría uno de los grandes placeres de su vida el poder hacerlo, como Conde de Barcelona, en Cataluña.

Mi maldición no cae sobre el separatismo criminal y suicida, que es el efecto, sino sobre el centralismo revolucionario y la inmoralidad parlamentaria, que son la causa.

Carta a Moore (8 de noviembre de 1899)

Felicítote con toda mi alma por tu profundo y brillante discurso pronunciado en la Asociación de Prensa, cuyo extracto acabo de leer, complaciéndome sobremanera ver desarrollado con tanto vigor y gallardía los principios e ideas proclamados por mi desde hace más de treinta años sobre el regionalismo, anchamente aplicado dentro de la unidad nacional española que únicamente con nuestros procedimientos puede afirmarse robusta y fecunda.

Telegrama a Juan Vázquez de Mella (9 de abril de 1900)

Cuando Dios me llame a juicio quiero tener la conciencia de haber cumplido los deberes que mi nacimiento me impone, abrazado al Estandarte Real de la Generalísima, que representa el inmaculado honor de la antigua España.

Carta a Manuel Polo y Peyrolón (2 de mayo de 1900)

El derecho me pertenece. Por él, y por los sagrados intereses que simboliza, he luchado con gloria, aunque sin fortuna, en los campos de batalla, seguido por mis leales y heroicos defensores, cuya fe y cuyo entusiasmo no decaen, a pesar del tiempo que transcurre y de la desgracia que ahora nos ha perseguido. Con ellos cuento siempre para reivindicar, en el momento oportuno, y por la vía que proceda, la corona que nuevamente se me arrebata con la declaración de la mayor edad del titulado Alfonso XIII, tan intruso e ilegítimo como sus inmediatos predecesores.

Manifiesto de Venecia (3 de mayo de 1902)

El juramento que hice en Guernica, lo presté ante Dios, lo escribí en mi corazón y lo firmé con mi espada. Suponerlo una mera fórmula es dudar de mi Fe, ultrajar mi Honor y destruir la Historia.

Real Autógrafo para el XXIV Aniversario de la Jura de Gernica (julio de 1909)

Di a los nobles vascos que les renuevo el juramento que hice a la sombra del árbol venerando, símbolo de sus cristianas y gloriosas libertades.

Telegrama a Tirso de Olazábal (julio de 1909)

Encárgote saludar a mis leales carlistas que se reunirán para conmemorar uno de los días más solemnes de mi vida.

Telegrama a Bartolomé Feliú (julio de 1909)

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