Artículo de Jean Mac Donough en el diario «New York Herald Tribune» (1966)

El plan del Generalísimo Franco para facilitar a la Familia Real la vuelta al Trono español está siendo obstaculizado por la omnipresencia del Príncipe carlista Carlos Hugo de Borbón, de treinta y seis años, y el fuerte y popular movimiento carlista.

«El Rey de España tiene que ser el primer Rey de una nueva sociedad española», ha dicho el delgado Príncipe de anchos hombros en una entrevista celebrada en su apartamento de aquí, «una sociedad que tiene que ser perfeccionada con nuevas instituciones rehechas o recreadas».

El Príncipe está compitiendo con otro Príncipe, Juan Carlos, hijo del pretendiente español Don Juan de Borbón y Battenberg, por el Trono español. El Generalísimo Franco apoya a Juan Carlos, que ha sido apadrinado por su Régimen, y parece que resolverá la delicada cuestión con un referéndum nacional que espera sea celebrado este año.

El Príncipe Carlos Hugo representa una fuerza no comprometida que se opone a ciertas ideas políticas del actual régimen. Pide un Gobierno democrático para España, la descentralización del Gobierno, sindicatos libres, una completa reforma social, y se muestra a favor de las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y los países socialistas del Este, de los que está separado desde la guerra civil. En resumen, el príncipe pide una revisión de todo el sistema político español.

Considera al Carlismo como una «federación de diferentes inclinaciones, muy distintas unas de otras. Quiere institucionalizar un sistema que representa todo el pensamiento político».

Dijo que el Carlismo representa un sistema de tres puntos: monárquico, representativo y social. Con gestos rápidos, el Príncipe trazó los principales rasgos de su sistema de esta manera:

«1. Monárquico, por la necesidad de que exista una fuerza árbitro, sobre todos los grupos políticos, y por el sentido de orientación que debe ser la principal misión del Rey.

2. Representativo, con un Parlamento que represente las diferentes tendencias políticas y opiniones, con son las del hombre que trabaja.

3. Socialista porque sin una profunda reforma de las estructuras sociales producidas por un capitalismo arcaico, reforma que debe dar a todos los españoles una oportunidad igual en la vida, la democracia no es posible».

Aunque los observadores políticos consideran que el príncipe esta fuera de la competencia oficial, la fuerte causa carlista sigue siendo la única oposición abierta, pero ilegal, que hay en España.

La boda del Príncipe con la Princesa Irene de Holanda, de veinticinco años, dio un nuevo impulso, hace dos años, al deseo carlista de tener una Monarquía regida por un representante de la dinastía carlista, que perdió sus derechos al Trono español en el siglo XIX.

El Príncipe sostiene que la fuerza y la unificación carlista viene del apoyo del hombre que trabaja. «El apoyo con que contamos procede de hombres que trabajan para vivir. Trabajadores, industriales y profesionales, todos viven de su trabajo, no de una renta particular», dijo.

«Esos hombres ven en nuestra idea de una Monarquía, en mi familia, la esperanza de algunas soluciones, no solamente para ellos, sino para diferentes partes del país –dijo-. La mayoría de los españoles están en la misma situación».

Calificó el sistema de educación de España como «la mayor injusticia social de nuestro país. Recuerda que menos del 3 por 1000 de nuestros estudiantes de Universidad son hijos de trabajadores», afirmó.

El Príncipe propuso un sistema de reclutar alumnos, financiado por el Estado, que, explicó: «No debía ser únicamente una ayuda para el estudiante, sino una auténtica oportunidad de ganarse el porvenir estudiando, de la misma manera que otras personas se ganan la vida con su trabajo».

«Todos conocemos las grandes dificultades sociales que todavía existen en España –añadió el príncipe-, y que (las diferencias sociales) solamente pueden resolverse por medio de una guía política».

Destacó a los sindicatos como el principal instrumento del pueblo para sus reivindicaciones sociales. «Para dar realidad a esta nueva estructura social es necesario tener sindicatos democráticos, es decir, elecciones sindicales en todos los niveles».

El Príncipe volviendo a la política exterior, criticó la actividad del Régimen de Franco para con la Unión Soviética. «Creo que es necesario establecer relaciones con esos países, aunque tiene doctrinas políticas distintas a las nuestras», dijo.

La corriente democrática que corre a través de España no se circunscribe a los carlistas. Recientemente, un manifiesto del ala izquierda del partido falangista pidió un Gobierno más democrático.

El Príncipe, durante su época de expectativa de conseguir el Trono, tiene un constante séquito de carlistas e izquierdistas que le dan consejos. El Gobierno le ha colocado un policía de guardia ante su elegante apartamento, frente a la Embajada americana.

El Príncipe y la Princesa Irene no se mezclan en la vida de la alta sociedad de España, sino que emplean su tiempo libre en esquiar, cazar y dar vueltas por España con su pequeño avión, que él mismo pilota.

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