Abdicación de Don Javier en su hijo Don Carlos Hugo (1975)

La Familia Borbón-Parma, acompañada de la Junta de Gobierno del Partido Carlista, el 20 de abril de 1975.

Manifiesto a los Carlistas

La legitimidad histórica de la Monarquía Española la encarno durante más de un siglo la Dinastía Carlista y por rigurosa aplicación de las leyes sucesorias recayó en mi persona a la muerte de mi augusto tío Don Alfonso Carlos, quien reiteradamente lo declaro así en diversos documentos desde el año 1934.

Según tengo consignado en mi testamento político que firmé ante mi Junta de Gobierno el 6 de Diciembre de 1970 en mi residencia de Arbonne, a mi muerte mi hijo y heredero el Príncipe Carlos Hugo será mi único sucesor legítimo y después de él sus hijos varones legítimos.

En el mes de Febrero de 1972 en que sufrí un grave accidente delegué poderes en mi hijo Carlos Hugo para que gobernase y dirigiese el Carlismo. En Agosto de 1974 decidí ampliarle esos poderes y darle el total gobierno del Carlismo y sus decisiones tendrían carácter definitivo sin necesidad de refrendo alguno por mi parte. Desde entonces hasta los momentos actuales en que mi hijo Carlos Hugo ha gobernado el Carlismo, se han alcanzado plenamente las metas propuestas en esta etapa tanto en un orden ideológico como político y orgánico, en plena colaboración con el Pueblo y muy especialmente con los militantes del Partido Carlista.

En el día de hoy, dada mi avanzada edad y reconociendo el acierto con el que el Príncipe ha dirigido el carlismo, he decidido por propia voluntad, consciente de mi responsabilidad y haciendo uso de los derechos que en su día recogí de mi tío el Rey Don Alfonso Carlos, abdicar en mi hijo el Príncipe Carlos Hugo los derechos y deberes de la sucesión para él y sus herederos legítimos.

Esta abdicación pone en manos de mi hijo y heredero el Príncipe Carlos Hugo toda responsabilidad como Rey de los carlistas, y de todos los españoles si en su día los Pueblos de España, libres y democráticamente, así lo decidiesen.

Dejo consignado a mi hijo Carlos Hugo en mi testamento político, ya citado, la diversidad de obligaciones y derechos tanto en un orden ideológico como en el orden de gobierno.

A todos los carlistas ruego que desde este momento vean en mi hijo Carlos Hugo no solamente un nuevo Rey sino a su líder y compañero de lucha, para con él formar un sólido bloque ante las vicisitudes que atravesamos y que el futuro os depare.

Pido a Dios que os dé fuerzas en la lucha que el Carlismo mantiene desde hace más de un siglo para alcanzar la libertad del Pueblo.

Mientras Dios me conceda vida estará junto a vosotros vuestro viejo Rey.

Dado en mi residencia de París a ocho de abril de mil novecientos setenta y cinco.

FRANCISCO JAVIER

Palabras de Don Javier a la Junta de Gobierno del Partido Carlista con motivo de su abdicación.

Cuando acepté la designación de Regente y posteriormente la de Rey y Abanderado del Carlismo lo hice por responder a un grave e ineludible deber hacia el Carlismo y hacia España. Comenzó desde entonces entre el pueblo carlista y yo una activa convivencia que queda reflejada en la constante lucha política que llevamos a cabo.

Activa convivencia a lo largo de la cual hemos pensado juntos en los fundamentos ideológicos de nuestro Partido, en las razones de una guerra en la cual nos vimos envueltos por quienes con su monstruoso egoísmo eran responsables de ella, y en la necesidad de liberar al Pueblo de la opresión a que ve sometido por el sistema de dictadura actual. Por ello decidimos hacer de nuestro Partido una fuerza popular para que se incorpore a la lucha que el Pueblo Español mantiene frente a unos poderes oligárquicos que impiden el ejercicio de su libertad. Luchar pues contra la guerra, la injusticia y la opresión ha sido nuestra meta. La reorganización del Partido y su evolución ideológica han respondido a esta meta. Esto ha sido posible gracias a la labor, a la confianza, al inmenso afecto que nos ha unido sin fisuras. Esto ha sido posible a pesar de las innumerables maniobras realizadas por unos y otros para intentar confundirnos. A pesar de que el régimen me ha expulsado de mi patria tres veces esta convivencia nunca se ha roto.

El Carlismo tal y como es hoy es la obra de mi vida, de la Dinastía y de todos los carlistas comprometidos.

El primero ha sido mi hijo Carlos Hugo que desde hace cerca de veinte años ha colaborado conmigo entregándose cada vez más y con mayor madurez a la tarea política. Ha realizado bajo mi dirección una labor de politización crítica y constructiva en el seno de nuestro Partido. Poco a poco le he ido confiando más y más responsabilidad y de ello habéis sido testigos vosotros. La adhesión del Pueblo Carlista que él ha sabido ganar con su equilibrio y su firmeza en la progresión ideológica del Carlismo, así lo aconsejaba. Como consecuencia he ido depositando cada vez más la dirección, el gobierno y la decisión política en manos de mi hijo. Juntos hemos compartido los trabajos y la responsabilidad de impulsar al Carlismo en esta línea.

Pero hoy ha llegado el momento de que yo abdique en él todos mis derechos así como todas las obligaciones y responsabilidades. Esta es mi voluntad. Vosotros, mi Junta de Gobierno, sois testigos de este acto de mi expresa voluntad y de mi afirmación rotunda de la confianza que tengo en mi hijo Carlos Hugo y de mi identificación total y absoluta con la línea política e ideológica que hemos construido entre todos. Por ello desde este momento mi hijo Carlos Hugo es el Rey.

El ser Rey en el Carlismo no es un privilegio. Implica una responsabilidad. Es llevar la dirección del proceso evolutivo arbitrando entre las tendencias que se manifiestan en este desarrollo político. El Rey debe ser garantía de que con su liderazgo se lleva cabo la revolución en la cual estamos comprometidos. Si así no fuese la Monarquía que representamos no tendría valor, sería una mera fórmula para encubrir intereses ajenos a los del Pueblo.

Este acto de transmisión de derechos y de abdicación lo tenía decidido desde hacia tiempo y por los motivos que os he explicado y no por razones extrañas como algunos querrán pretender he decidido hacerlo ahora.

He querido comunicar en primer lugar esta decisión a mi Junta de Gobierno por la confianza que tengo en vosotros, porque representáis al Pueblo Carlista y para que seáis testigos de excepción de mi abdicación.

Os pido que la misma lealtad y la misma confianza que habéis tenido en mi la tengáis en mi hijo Carlos Hugo. Esta lealtad y esta confianza deben ser expresadas con un mayor esfuerzo en la lucha porque el momento presente es difícil y porque nuestro Partido debe ser elemento decisivo en la coyuntura actual

He querido que este acto aunque no exento de rigor y trascendencia, quede revestido de la mayor sencillez.

Yo no me despido porque sigo siendo un soldado en la lucha y estaré siempre, mientras Dios me de vida, al lado de mi hijo el Rey.

Palabras de Don Carlos Hugo a la Junta de Gobierno con motivo de la abdicación.

En primer lugar quiero deciros que esta responsabilidad que hoy me transmite oficialmente mi padre y que acepto con orgullo me obliga, también oficialmente, a expresar el agradecimiento inmenso que le debo al hacerme depositario de la Legitimidad y de esta responsabilidad que es ocasión de servicio.

En segundo lugar debo expresar el respeto y el cariño que siento por mi padre. No quiero dejar pasar por alto este aspecto humano que me obliga tanto políticamente. Mi padre ha sufrido mucho en su larga vida. Cada uno de sus sufrimientos los ha puesto al servicio del Pueblo porque lo ha transformado en elemento positivo. La privación de libertad, los campos de concentración, las expulsiones, las calumnias, las guerras, todo para alcanzar la libertad y crear condiciones de justicia y libertad.

Mi padre ha sabido despertar una inmensa confianza, un inmenso afecto en el Pueblo Carlista. Espero y deseo que se mantenga esa misma confianza y ese mismo afecto hacia mi persona porque me propongo seguir su ejemplo en todo.

Pasando de la parte emotiva a la realidad política recojo de mi padre esa firmeza con que ha presido la evolución ideológica del Partido llevada a cabo entre el Pueblo y la Dinastía en una comunidad poco corriente. Es el camino que seguimos desde años. A esto responde la movilización ideológica y práctica del Carlismo, para que cada vez sea más responsable la base del Carlismo y a través de esta llevar al Pueblo español nuestro mensaje político.

La nueva sociedad que queremos construir necesita de este apoyo del pueblo español porque es una sociedad basada sobre un concepto global de la libertad que pretende realizarla tanto en el plano individual como en el social; sobre un concepto global de la democracia, porque busca superar la simple elección para alcanzar una democracia de participación; global de la representación porque pretende realizarla simultáneamente en el campo ideológico, socio-económico y regional. Todo ello para llegar a una sociedad a la vez pluralista, federal y socialista.

Ostentar el título de Rey en nuestra época parece extraño porque aparece como un concepto del pasado. Ser Rey socialista también parece extraño y contradictorio. Pero es la extrañeza de un futuro en el que estamos empeñados los carlistas.

Se trata de ir creando una monarquía socialista como se está creando ya, es decir, un poder distinto según una lógica distinta. Con un contenido que responde al deseo profundo y al imperativo de los hombres y pueblos de España, de los hombres y pueblos libres de nuestro tiempo.

Tenemos en las manos una suerte muy grande por nuestra tradición y capacidad de inventiva y por nuestra capacidad de fomentar y mantener la solidaridad.

Esta suerte debe ser bien administrada. Yo recojo una responsabilidad que debe ser compartida con vosotros los carlistas. Los resultados dependerán de la entrega que pongamos cada uno de nosotros en la lucha.

Villa Valcarlos a 20 de abril de 1975

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