Declaración de Don Carlos Hugo sobre la Unidad (1976)

El momento político que atravesamos es para todos los españoles un momento de angustia y esperanza. En esta etapa histórica vamos a decidir nuestro futuro. Por ello es necesario realizar todo el esfuerzo que haga falta para plantearnos el grave problema que representa. Si insistí en mi mensaje del 6 de enero sobre la significación de este momento es porque es ahora cuando va nacer la potabilidad de una transición democrática pacífica, o al contrario, la dinámica de un enfrentamiento, de una espiral de violencia que haga esta transición pacífica imposible.

En los últimos meses se ha puesto más aún en evidencia que la evolución democrática del sistema político español está condicionada exclusivamente por la relación de fuerza entre la capacidad de presión del sector del régimen que desea mantener el estado totalitario y las fuerzas de los movimientos de la oposición.

El intento del Régimen es presentar una democracia desde el Estado, es decir desde el poder y no construida desde unas bases populares, única posibilidad de realizar la participación real del Pueblo, es la trampa de la seudodemocracia. Este engaño si lo consigue el Régimen llevará inevitablemente a un mayor enfrentamiento entre las fuerzas reales populares y las oligarquías del sistema. Por ello proponemos una ruptura democrática si es posible pactada, es decir, el paso pacífico y directo a una democracia apoyada en la única responsabilidad de las fuerzas populares. Consideramos en efecto que sólo el paso directo a la democracia evitará una larga e inútil lucha entre el Pueblo y el Poder, y sólo esta solución es realmente pacífica.

Por todo lo anterior el Partido Carlista apoya con todas sus fuerzas la unidad de la oposición.

En los dos últimos años se han alcanzado importantes metas hacía esa unidad. El Partido Carlista en todos los momentos ha juzgado un papel de vanguardia en la constitución de los distintos organismos unitarios que conduzcan a la unidad de toda la oposición, que es la meta por la que luchamos desde el principio de nuestra actuación en común con las otras fuerzas de la oposición. Ahora debemos consolidar esta unidad formal alcanzada con una actuación unitaria eficaz.

LA UNIDAD DEL CARLISMO

El Carlismo, por mucho que algunos se empeñen, siempre ha formado un solo cuerpo. En torno a los valores permanentes que se han ido expresando y plasmando según las épocas, los tiempos y las circunstancias se ha mantenido unido el Carlismo. Estos principios que son las esencias espirituales, la libertad de la persona, las libertades de los pueblos, nuestra Patria como federación de los pueblos que componen el Estado Español, los principios socialistas de igualdad y libertad en lo económico y en lo social, la unidad en torno a la dinastía como institución eje para garantizar nuestra continuidad, son los conceptos revolucionarios y democráticos que el Carlismo ha mantenido en el transcurso de toda su existencia y por los que tantos han dado su vida y sus bienes.

Ésta es la unidad del Carlismo. No puede haber otro Carlismo. Fuera de esta línea ideológica ya no se puede llamar carlista. Es el Pueblo quien en su dinámica política a través del Pacto con la Dinastía ha determinado esta línea y la mantiene viva día a día. Los esfuerzos para mantener esta unidad en la lucha por la libertad y la democracia representan el plebiscito cotidiano que hace el Carlismo de su propia ideología. Esta es la unidad del Carlismo, por mucho que intente la clase dominante presentarlo dividido con torpes maniobras.

El Partido Carlista, vanguardia del Carlismo, carga con la responsabilidad para que esa línea sea aplicable en los momentos de lucha y se puedan alcanzar los objetivos principales que son la construcción de un socialismo plural y de autogestión global en un Estado federal, ideal que comparten con el Carlismo muchísimos españoles de hoy.

El mantener el Partido Carlista organizado, es decir actuante en estos momentos, es responsabilidad de todos y cada uno de los carlistas. No bastan las meras intenciones. Cada carlista, hoy mas que nunca, debe tener una presencia firme en la lucha o ayudar a que el Partido la tenga. Las buenas intenciones no bastan. La acción, la entrega, el sacrificio son imprescindibles para el éxito de nuestra lucha, para alcanzar las libertades. Las libertades nunca han sido otorgadas siempre han sido conquistadas.

CONVOCATORIA MONTEJURRA 76

Hoy tenemos una nueva oportunidad para expresar y alentar esta lucha comunitaria y unitaria, no solamente desde el Carlismo sino en solidaridad con todos los que buscan la libertad, la democracia y la paz sean cuales sean sus convicciones. Esta oportunidad es Montejurra 76. Este acto va representar la síntesis de los nuevos avances hacía la democracia, pues aunque no estemos en democracia, sí avanzamos aceleradamente hacia ella. Las circunstancias se presentan distintas al año pasado, porque han desaparecido algunas de las causas que lo impedían.

Montejurra 76 será el claro exponente ya no sólo de la unidad del Carlismo sino de lo que el Carlismo ha avanzado junto con los que luchan por la libertad y el socialismo. El esfuerzo realizado por el Pueblo ha dado un inmenso fruto.

Montejurra 76 será la expresión de un Pueblo que busca su libertad a través de una acción pacífica frente a un sistema que no ha sabido aún contestar a todas estas acciones políticas no violentas, sino de forma represiva y violenta.

El esfuerzo que hagamos, la presencia masiva y organizada de todo aquel que se encuentre comprometido con la causa del Carlismo será mucho más potente, más enérgica y de más alta moral cuanto mayor sea el trabajo aportado a la lucha en la cual el partido está empeñado. Montejurra 76 será el balance de este proceso. Allí estaremos todos.

Frente a los representantes de las fuerzas democráticas del mundo entero. Frente a la prensa internacional. Frente a los amigos de todos los sectores de la oposición española que participarán este año en este acto político carlista, pero al servicio de la unidad de todas las fuerzas que luchan por la libertad, queremos demostrar que se debe y se puede avanzar hacia la democracia pacíficamente sin renunciar a ninguno de sus ideales. Demostrando también que la revolución democrática en la cual estamos todos empeñados puede, a pesar de todas las provocaciones, ser la victoria de la paz sobre la violencia, la victoria del diálogo democrático sobre el enfrentamiento, la victoria de la solidaridad sobre la confrontación.

24 de abril de 1976

CARLOS HUGO

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