Palabras de Don Carlos Hugo ante el cadáver de su padre Don Javier (1977)

El 9 de mayo de 1977 en Chur (Suiza).

Padre, ayer nos dirigimos al Pueblo Carlista con una misma voz, cuando, abdicando de tu responsabilidad política en mí le pediste que renovara conmigo el pacto que nos une, en defensa de sus libertades.

Con una misma voz hemos hablado a lo largo de estos, muchos años de lucha, haciendo de este pacto el instrumento del que se sirvió el Pueblo Carlista para reconstruir su partido, clarificar sus presupuestos, emprender su evolución política hacia el sentido profundo y hasta ahora frustrado de su afán secular de justicia, de solidaridad y de creación en libertad.

Hoy todo el pueblo y el Partido Carlista están presentes a tu lado por su afecto y su voluntad de rodearte en este momento emotivo. Lo represento, padre, y es, como una misma voz, que te decimos que tu lucha y tus sufrimientos de cada instante contra todas las opresiones que aplastan al pueblo, contra la mentira que le aconseja la pasividad y ocultan las perspectivas actuales, contra los dictadores de este mundo, que te encarcelaron, que te torturaron, te calumniaron; te decimos que esta lucha no ha sido estéril, ni tu ejemplo perdido.

Has muerto en pleno combate, pero un combate que ya nadie, ni con engaño, ni con maniobras podrá desviar de las metas que el pueblo carlista, los pueblos del Estado español, libremente se han fijado; el socialismo de autogestión global en el marco del Estado federal. Esta es la gran victoria porque representa la culminación de tu larga vida, de tu voluntad de justicia, de tu fe cristiana, de tu obra en espíritu y realidad, de tu amor.

Ante ti nos comprometemos, los carlistas, y yo el primero, como tu heredero, que seremos fieles al sentido de esta lucha, que hoy significa que no haya presos políticos, ni discriminados, que todos participen libremente en la tarea de la construcción democrática, con los mismos derechos e igualdad, sin doblegarnos ni ante la violencia, ni ante la mentira.

Nos comprometemos a conquistar las libertades de los pueblos sin dejar que su soberanía se transfiera a grupos de poder y oligarquías, a avanzar mañana en el sentido de una solidaridad cada vez más auténtica dentro y fuera de nuestras fronteras e impulsar el cambio de estructuras que lo hagan vigente.

Recogiendo tu herencia y siguiendo tu ejemplo, de nuevo, ante ti y ante mi hijo y heredero Carlos Javier, el compromiso total de tu vida al servicio del pueblo, de los pueblos de España, cumpliendo las exigencias que me impusiste en el testamento político firmado por la Junta de Gobierno en Valcarlos (Arbonne), el día 6 de diciembre de 1970, y respondiendo a todas y cada una de las responsabilidades que lleva implícitas el cargo que me dejas.

Así nuestro adiós no es triste, sino ilusionado y lleno de esperanza. Sabemos que estarás presente por tu afecto, y tu ejemplo, que el pueblo carlista lo podrá asociar al de una lucha auténtica y limpia que ha significado y significará cada vez más para todos los pueblos del Estado español su liberación.

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