Conclusiones de la Junta Magna de Biarritz (1919)

Fuente: Miguel Artola, Partidos y programas políticos 1808-1936. Tomo II: Manifiestos y programas políticos, Aguilar, Madrid, 1974, pp. 296-297.

En las conclusiones finales del mensaje de Don Jaime a la Junta Magna, que leyó Luis Hernando de Larramendi, se planteaba que:

La Comunión católico-monárquica actuará con más radicalismo que nunca en la pureza e integridad de sus principios y soluciones, puesto que los postulados más felices del pensamiento contemporáneo, las corrientes más sanas de opinión, fruto de la experiencia y de la realidad, y las necesidades que claman exigiendo solución ineludiblemente, todo muestra hoy la virtual eficacia y constante utilidad de nuestro Programa fundamental.

En su virtud:

A) Intensificará la política religiosa, teniendo presente el carácter especial de la Causa que defendemos, no olvidando que el Rey sostiene con todo el vigor de su brazo y el amor de su corazón la Bandera católica frente a la liberal y revolucionaria, como sus augustos predecesores Carlos V y Carlos VI y su amadísimo padre, el inolvidable Carlos VII. Será Rey católico o no será; jamás Rey revolucionario. Sometido a la Iglesia, como hijo sumiso, quiere restituirla toda la independencia que le otorgó el Redentor, y en particular la relativa a su misión docente, y aquella independencia económica a la que tiene perfecto derecho, tan menoscabada en el régimen constituido.

B) Dará una actividad más constante e intensa al esfuerzo colectivo referente a los problemas llamados regionalistas, para conseguir como fin primordial que haya unidad de criterio, recto, imparcial, sereno, que armonice la unidad de la Patria española con las legítimas aspiraciones forales, lejos de una política apasionada, personal y voluble, seguida, desgraciadamente, antes; para llegar a la dirección de toda la corriente de opinión regionalista, perdida o, lo que es peor, pasada a otras manos, por la incapacidad práctica de la anterior gestión, y, finalmente, para restaurar en España la vida foral castiza, que es una base imprescindible de la sustentación del orden, de la estabilidad de la paz y de la prosperidad del país.

C) Definirá, al propio tiempo que aumentará, la actuación de la política social sobre el esencial fundamento de la pronta reconstitución de las clases y corporaciones profesionales, estableciendo claramente su necesidad y oponiéndose a que esa política pueda derivar, cediendo a corrientes preponderantes, aun entre los católicos y los mal llamados conservadores, en socialismo de Estado; manteniendo el puro y cristiano concepto de la propiedad hasta contra los atentados que, con espíritu contaminado de errores y prejuicios, le dirigen los propios partidos afines, y defendiendo, al par, con la mayor actividad y energía cuanto representa verdaderamente la dignificación de la clase obrera, llamada a disfrutar de tiempos nuevos, más justos y cristianos, si al cabo, como es de esperar, la revolución universal es vencida.

D) Propugnará la desaparición del parlamentarismo, régimen absurdo, funesto y desacreditado en todos los pueblos, establecido sobre la guerra civil de los partidos permanentes; restaurando las Cortes representativas de las clases organizadas y de los intereses reales de la nación, con mandato imperativo, que define los deberes y responsabilidades y asegura el buen servicio y las justas sanciones para los diputados.

E) Defenderá con mayor interés que nunca el principio de autoridad, que es clave en los problemas de la época y que solo ella —la Comunión legitimista— sustenta verdaderamente en España.

F) Contribuirá, por todos los medios políticos a su disposición, al prestigio del Ejército español, víctima del régimen imperante: Ejército que gloriosamente lucha en los actuales momentos.

G) Instaurará la realidad de la Administración de Justicia, hoy desconocida hasta el sarcasmo, y que precisa como fundamento indispensable de la vida civil.

H) Aprovechará la excepcional situación en que España ha quedado a consecuencia de la neutralidad durante la guerra para plantear una base sólida de la futura política internacional, que, por el momento, no puede ser de alianzas ni de manifestaciones de inclinaciones comprometedoras, sino de cordialidad con todos los demás países, de juiciosa expectativa, mientras el horizonte universal de la política extranjera no se aclare y defina; pero que también debe ser, al propio tiempo de utilidad inmediata en Marruecos, con la obtención de Tánger, y de preparación de corrientes fecundas y trascendentales hispanoportuguesas e hispanoamericanas.

I) Estudiará, propagará, defenderá y promoverá las obras públicas que España para su prosperidad necesita y que en la palabrería de la política de los partidos, jamás requieren seriamente la atención nacional, ni llegan a realizarse, y, asimismo, prestará la consideración debida a la agricultura y a la industria, facilitándoles todos los elementos económicos para su completo desenvolvimiento y asegurándoles, con una absoluta estabilidad social, la consolidación de su desarrollo.

J) Expondrá con claridad, en la propaganda, la armonía entre el sano pensamiento moderno y nuestra significación doctrinal, y hará ver que la situación crítica de España, insoluble con todos los procedimientos liberales, tiene forma sencilla de resolverse en la paz espiritual, en la organización tradicional foral y corporativa, y en el principio de autoridad que expresa el lema de nuestra Bandera: Dios, Patria, Rey.

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