Comunicado político de Don Carlos Hugo en la conferencia de prensa mantenida en París el 10 de julio de 1975

El pasado mes de diciembre establecí un contacto con la prensa española acreditada en París. Entonces tuve la ocasión de exponer la línea política del Carlismo, así como una serie de consideraciones políticas sobre aquel momento.

Hoy les vuelvo a convocar junto a otros corresponsales de la prensa internacional, agradeciéndoles su presencia e interés en oír al Carlismo.

Esta vez se trata de informarles, con el ruego de que lo hagan llegar a la opinión pública, cuál es la posición del Partido Carlista sobre dos cuestiones que consideramos de importancia para el futuro de España y del Carlismo.

La primera de ellas es comunicarles que el Partido Carlista se ha incorporado a los trabajos para constituir una plataforma democrática, compuesta por la mayoría de los grupos políticos y sindicales de la oposición, después de una serie de gestos y contactos que han conducido a una primera reunión donde ha quedado perfilado el esquema de esta plataforma. Más adelante les explicaré brevemente cuáles son los objetivos y propósito del Partido Carlista al respecto.

El segundo punto del que quiero hablarles es el problema de las nacionalidades y la tesis federalista del Carlismo. Hemos elegido esta fecha para tratar el tema, porque ahora se cumple el centenario de la jura de los Fueros de Vizcaya en 1875 por el Rey Carlos VII en Guernica y queremos rendir un fervoroso homenaje a este gran pueblo vasco que se debate para alcanzar su libertad. A este respecto, el Partido ha elaborado sobre la problemática vasca, Euskadi, y sobre la alternativa que el Partido Carlista presenta a este problema, un documento que, después de mi exposición, un miembro de la dirección del Partido de Euskadi presentará a ustedes.

Les ruego que recojan estas inquietudes del Carlismo como una aportación más del mismo a la causa de la democracia y de la libertad que tanto deseamos alcanzar para todos los pueblos de España.

Antes de pasar a tratar estos dos temas, quiero empezar esta reunión con un breve análisis sobre la actual situación política de España.

Análisis de la situación política actual

Situación o evolución interna del Régimen

El momento político actual indica y confirma que la política del Régimen queda estancada en sus propias contradicciones. Basta observar el fondo de autocrítica que hace el Presidente Arias en su último discurso sobre los problemas existentes. La política del Régimen hasta ahora ha consistido en ocultar estos problemas bajo el manto de la dictadura que prescindía de todo elemento de crítica y control democrático, pero en los momentos actuales ya no puede hacerlo y se ve forzado a reconocer la crisis buscando unas formas nuevas de denuncia para presentar un proyecto con otra cara, pero en el fondo tan autoritario y antidemocrático como antes.

Además en los momentos actuales se está dando la circunstancia que hace años apuntábamos la debilidad del poder personal en la vida del dictador. La oligarquía que le rodea intenta por todos los medios mantener el poder carismático del mismo y agotar las facultades de poder de decisión de que está revestida su persona, hasta su desaparición física.

Todo esto produce una falta de objetividad o claridad en el proceso sucesorio. Esta ambigüedad conduce a la propia división interna y a muchas precipitaciones en alinearse de muchos que dudan. Hasta en el propio orden familiar de los grupos que detentan el poder. Así queda demostrado con este nuevo argumento de las tensiones familiares que las posibilidades de una apertura democrática en la sucesión no son posibles, puesto que la democracia y la participación de la sociedad en estas cuestiones, quedan marginada.

El Ejército empieza a distinguir su responsabilidad ante la salvación del Régimen y la salvación de la sociedad. Comienza a discernir entre respaldar una política suicida y deshonesta de continuismo y una política democrática que garantice el futuro del país.

Situación internacional de España

En lo que se refiere a la situación internacional de España, vemos que por los motivos antes apuntados se encuentra sometida a una presión que viene de tres frentes; los países democráticos de Europa, África y Portugal.

Las naciones de la Europa democrática observan el proceso español desde la perspectiva de la oposición democrática española, pero juegan con un equilibrio de paz y de orden que garantice sus intereses en nuestro país. Esta coexistencia con el Régimen dictatorial es exclusivamente por miedo, para ellos, a una posible infiltración comunista. Coexistencia en un orden económico y de relaciones diplomáticas, pero sin darle el plácet para su integración en la vida comunitaria de las naciones europeas, como es el Mercado Común y la NATO. Si estos países tuvieran la seguridad de que la continuación del Régimen fuese democrática, ya le habrían dado el espaldarazo para asegurarlo mejor en el futuro.

Por otro lado, la posición de España ante África se hace cada vez más vulnerable, porque aquella política de vieja amistad con los países árabes ya no puede quedarse en eso, sino que tiene que conducir a realidades. El Sahara, Ceuta, Melilla, son realidad que la comunidad árabe no puede permitir que subsistan de esta forma. Las riquezas en la zona geográfica del Sahara están conduciendo a un entendimiento entre los países árabes en litigio frente a los intereses españoles. Esta política conduce a otros problemas que afectan al orden militar y por tanto a las Fuerzas Armadas de nuestro país, que se ven empujadas a defender una política caótica del Gobierno de Franco que afecta a su propio prestigio.

Con un Portugal en gestación democrática, con sobresaltos y y convulsiones pero con un movimiento de acoplamiento de todas sus piezas políticas después de cincuenta años de ausencia de libertad, garantizado por la fuerza política que hoy representa el Movimiento de las Fuerzas Armadas, España aparece ante el mundo como un problema extraño y ambiguo. El temor de los países capitalistas de que se produzca un hecho similar al de Portugal, representa el perder un importante bastión de la estrategia capitalista. Pero si Portugal consigue, como parece, y así lo deseamos, acoplarse con un sistema socialista avanzadamente revolucionario, pero conviviendo en la órbita de los países democráticos, España quedaría entonces como el único país claramente fascista y antidemocrático, que ya no podrá ocultar por muchos esfuerzos que hagan el Régimen y Norteamérica. El mantenerlo así implicaría los riesgos de una explosión incontrolada.

El capitalismo español y la crisis económica

El capitalismo español, dividido ante la situación política y la crisis económica, busca ansiosamente el situarse. Unos creen que reforzando el poder o sistema autoritario puede continuar su marcha ascendente en beneficios, aunque sea con un restringido desarrollo económico, pero conviviendo con el sistema capitalista universal. Consideran ellos que siendo un capitalismo feudal es suficiente para su economía parcelaria reducida a unos grupos oligárquicos muy limitado. El rápido desarrollo económico del mundo en general, con reflejos en España, hace que estos grupos queden condenados a su desaparición con el Régimen.

No ocurre así con aquellos otros que buscan liberarse de su compromiso con el Régimen, con una apertura política reducida, pero factible para la Europa democrática y capitalista. Estos buscan alianzas económicas europeas, se hipotecan para el futuro con la intención de salvarse.

Así está creciendo el desconcierto dentro del propio sistema. Una ruptura descarada del propio capitalismo español con el Régimen franquista, hoy por hoy no es posible. Las fuerzas económicas españolas, muy primarias dentro del propio sistema capitalista, están muy condicionadas a la dinámica del Régimen y no pueden romper sus ligaduras con un sistema que las ha enriquecido e identificado con su política totalitaria. Presentar la opción de un neocapitalismo o de un capitalismo compensado, para intentar salvarse, con una política de apertura del Régimen, les resulta sumamente difícil por no decir imposible. La mecánica del desarrollo económico va íntimamente sujeta y ligada a la del desarrollo político y, como éste, dentro del Régimen español queda estancado, es imposible su evolución y el capitalismo actual español, en estos momentos, queda sujeto al destino del Régimen.

Conclusión

Como conclusión del análisis podemos afirmar que no queda pues, otra alternativa que forzar el cambio hacia la democracia con la desaparición del actual sistema totalitario. Cada momento que pasa, la solución queda forzada por las vías de los enfrentamientos violentos. La personalidad de un pueblo se adquiere, o bien a través de su propia lucha por causas de libertad con la solidaridad y ayuda de otros países democráticos, o bien por el esfuerzo de ese mismo pueblo ante todas las barreras que se le impongan, con las consecuencias y riesgos que esto puede llevar consigo.

El Régimen español está provocando este último tipo de ruptura al negar toda libertad.

Un análisis más profundo sobre la interpretación que los hombres del Régimen hacen de la autoridad, del poder y de la participación, nos cargaría de argumentos para demostrar esta aberración política,

La Plataforma de Convergencia Democrática

Es un gran deseo del pueblo español ver realizada la unidad de la oposición, para que, de algún modo, aunque sea en la clandestinidad, preexista la democracia al cambio del Régimen, que el dialogo democrático entre varias tendencias de la sociedad española preexista al futuro diálogo en toda libertad dentro de un nuevo régimen democrático, que de esta forma cara al exterior se pueda abrir ya a un diálogo entre los gobiernos y la España real, la España democrática, la España del futuro. Porque la oposición democrática al Régimen es la España del futuro.

Pero esta España del futuro debe concretarse en un instrumento, aunque sea provisional, que lleve a cabo la operación del cambio.

Todos los grupos de la oposición consideran que la solución política definitiva la debe escoger el Pueblo y que por ello es imprescindible que, previamente a la decisión fundamental, sepamos qué tipo de sociedad queremos los españoles, y para ello deben existir unas libertades mínimas que hagan posible la información de la opinión pública, la formación de los instrumentos políticos de la misma, es decir, de los partidos políticos, para que la decisión del pueblo sea real, responsable y tenga luego permanencia en el tiempo.

Por esto ha sido una preocupación constante del Partido Carlista el construir una unidad en la oposición democrática. Primero mediante un diálogo que fuese creando las bases de una posterior alianza, después un desarrollo de actividades desde la oposición, que condujese a la presentación ante el Pueblo español de una solución democrática concreta.

Las fuerzas populares, movilizadas a través de una lucha social, laboral y ciudadana, frente al estado opresivo, perciben la posibilidad de unos cauces que únicamente les pueden proporcionar las fuerzas políticas de la oposición, fundamentalmente los partidos populares.

La unidad de la oposición puede realizarse entre todos los grupos que la componen, no solamente sobre la base de un antifranquismo, sino mucho más, sobre la base de un ideal democrático común, creando pacíficamente la posibilidad de un diálogo entre todas las tendencias. Por ello la unidad de la oposición debe dar sin ninguna exclusión. Toda la oposición debe establecer un pacto para dar el paso hacia la democracia, donde el Pueblo sea su único protagonista.

Sin la unidad práctica de la oposición, plasmada en una entidad concreta, no será posible disponer de un interlocutor válido de la misma para dialogar y negociar con el mundo democrático exterior.

El proceso de la unidad de la oposición está demostrando que no es fácil llegar a la meta propuesta, pero que precisamente estas dificultades hacen más sólida la alianza y más plural la composición, base de la democracia del futuro.

Muchas dificultades existían para realizar la unión entre movimientos políticos cuyas ideologías, fines o tácticas eran en cierto aspecto discrepantes o contradictorias. Discrepancias en cuanto al plantemiento táctico. Unos consideran necesario pasar primero por una fase de democracia formal antes de alcanzar metas más lejanas. Otros, al contrario, creen indispensable plantear desde el principio la problemática revolucionaria, precisamente por el temor a que la democracia siga estancada en la fórmula de una democracia formal vacía de suficiente contenido democrático.

Parece que se ha logrado una unidad de criterios en cuanto a las metas tácticas que hoy la mayoría de los grupos políticos aceptan como aconsejable o necesario por realizar una democracia con las garantías jurídicas que da este sistema a la libertad personal y política, antes de abordar los problemas de fondo que son las estructuras que queremos los españoles para la España del mañana.Todo este planteamiento lo hace también el Partido Carlista con la condición de que esta fase de ruptura democrática no se establezca como un modelo o una formulación definitiva, sino que se considere como período útil al tránsito pacífico de un tipo de sociedad a otro. El Partido Carlista considera, en efecto, que la simple democracia formal no puede ser una solución definitiva, sino un eventual instrumento útil a la evolución hacia las metas de una nueva sociedad.

En estos momentos se ha iniciado la constitución de una plataforma de convergencia democrática a la cual concurren la mayoría de los grupos políticos y sindicales de la oposición, sin excluir a nadie. Los primeros pasos anuncian unas grandes posibilidades de entendimiento entre todos. El Partido Carlista se congratula de este éxito inicial y queda comprometido para, en colaboración con todos, construir la plataforma necesaria y urgente que la oposición busca para la unidad y acreditarse ante el pueblo español, que en definitiva será el auténtico protagonista de la democracia, y queda a la espera de los pasos que esta plataforma dé hacia la alternativa democrática. El Partido Carlista llama a todos los grupos políticos de la oposición para que, mediante un diálogo sincero y entendimiento en la lucha, se incorporen a esta plataforma para el bien de la democracia y de la libertad que ansiosamente busca el pueblo español.

Por último hace constar que, no obstante seguir proclamando su ideal político y por cuya realización seguirá luchando, el Partido Carlista se ha comprometido con la mayoría de los partidos políticos que componen la oposición para intentar construir juntos este instrumento democrático unitario que permita en el futuro construir un estado democrático abierto al cambio, Esto no priva al Partido Carlista, como tantas veces hemos dicho, de ir construyendo simultáneamente un frente socialista con todos aquellos que busquen la construcción de un socialismo plural y democrático. Frente Democrático Revolucionario, hoy vanguardia de la lucha democrática y base del socialismo del mañana.

Los objetivos políticos del Carlismo buscan, en efecto, realizar una sociedad socialista, pluralista y autogestionaria. Socialista en lo económico y en lo político, en el sentido de devolver a la sociedad el poder de dominio y control, no solamente sobre los mecanismos productivos, sobre su economía, sino también sobre sus mecanismos políticos. Por ello decimos que la socialización debe aplicarse a las estructuras económicas y a las estructuras políticas. Socializar es democratizar.

Socialismo pluralista en lo ideológico, porque el Partido Carlista considera que al haber varias interpretaciones de la sociedad, solamene con el diálogo entre todos se puede llegar a un compromiso estable.

El Partido Carlista es socialista autogestionario porque solamente con la gestión democrática desde la base se realiza una democracia de participación.

Esta democracia de participación debe realizarse tanto en los campos económicos como en los ideológicos, así como en el campo de las nacionalidades, que todas juntas deben constituir libremente una comunidad nacional, el Estado Socialista Federal, y más tarde la comunidad internacional.

El problema de las nacionalidades y la tesis federal del Carlismo

En primer lugar debemos partir de una premisa fundamental para tratar este tema; federar es unir; federarse es unirse por propia voluntad, no hay federación sin unidad. El Carlismo es federalista.

Y todo esto por tres motivos.

Primero, por la realidad histórica. España está compuesta por varios pueblos cuya historia, cultura y lengua difieren.

En segundo lugar, porque el Carlismo ha desarrollado su teoría federal mediante una concepción política del Socialismo que desea devolver a las comunidades, llamadas intermedias, toda su personalidad y responsabilidad en la tarea común de construir todos juntos una España federal, socialista, plural y libre.

En tercer lugar, por necesidades democráticas de realizar un acercamiento de las decisiones políticas a la base, o mejor dicho, de partir de la base para realizar una unidad democrática en la cumbre.

Quizás este último aspecto sea el más importante. La unidad no parte del estado sino de la base social más próxima al hombre, de los municipios, de las regiones, antes de realizarse en un estado federal.

Por ello es imprescindible un socialismo económico y político que devuelva a las comunidades locales, provinciales o regionales, una autonomía económica suficiente para realizar responsablemente su propio desarrollo y no estar sujeto a las decisiones o caprichos de un estado central o de unos poderes económicos, capitalistas, nacionales o internacionales, capaces hoy día por sí solos de decidir el desarrollo o no de una región, de un país o incluso de un continente.

Esto también quiere decir que todo planteamiento federal debe partir de un concepto de igualdad económica y política entre comunidades. Igualdad de condiciones en el desarrollo que precisamente el estado federal está encargado de asegurar a fin de evitar, no solamente el colonialismo capitalista o el colonialismo centralista, sino también el de una región sobre otra.

Creemos firmemente que el socialismo político y económico es imprescindible para hacer posible una democracia de participación intensiva del ciudadano en la vida pública.

Nuestro planteamiento, por tanto, no está en la descentralización, pues parte, no de una unidad en la cumbre para realizar la uniformidad en la base, sino de la base de la comunidad para realizar, de abajo a arriba, la unidad en la cumbre.

Así el planteamiento nuestro de libertad de los pueblos o principio foral no es algo nuevo, ni algo que el Carlismo se ha inventado hoy día, sino que desde hace más de un siglo y medio lo abandera, y es uno de los puntos programáticos más importantes de la lucha del Partido Carlista y de su concepción como estado.

Creemos que la Europa futura deberá de responder a la misma dinámica. Partiendo de la base local o regional, constituir unos estados federales que a su vez se federen, es decir, se unan para constituir una unidad voluntaria y libremente aceptada.

Este planteamiento, como hemos indicado, no es nuevo en el Carlismo.

Cuando el 3 de julio de 1875 Carlos VII juraba los Fueros de Vizcaya, como aspiraba a hacerlo para todos y cada uno de los Pueblos de las Españas, España se encontraba en plena guerra civil. La inmensa mayoría de la población se sentía comprometida con la causa federal del Carlismo porque aquel Rey representaba la salvaguardia de las libertades de los Pueblos, pisoteadas durante tantos años. Entonces la lucha estaba entablada, lo mismo que en los momentos actuales, entre el pueblo y una clase dominante y explotadora, la burguesía capitalista, clase detentadora del poder económico y del poder político.

La lucha por la liberación tiene continuidad. El Carlismo, desde hace cerca de 150 años, ha defendido y promocionado esta interpretación de continuidad que hoy afirmamos solo factible dentro de un estado socialista de autogestión global. Así la libertad de las nacionalidades será una libertad del pueblo y no sólo de cierta élite burguesa y paternalista. El fuero, ayer y hoy, es la defensa y la promoción de la identidad colectiva de los pueblos de las Españas, el derecho a autogobernarse, el derecho a la libertad cultural y política como única base validada para la convivencia entre las nacionalidades españolas dentro del ámbito federal, como condición ineludible de paz, de igualdad y de unidad.

Se equivocan lo que intentan desvirtuar las ansias de libertad de los pueblos presentándolas como secesionistas. Se teme, y así lo manifiestan constantemente los hombres del Régimen franquista, que abrir los cauces de la libertad regional implica el riesgo de los separatismos. De esta forma presentan el derecho de autonomía de los pueblos como un acto subversivo.

El hecho de que todos los países que hoy componen el Estado español estén insurrectos, en cualquiera de sus manifestaciones, frente al Régimen, pone de manifiesto el sentido de unidad los anima a todos ellos y la solidaridad en la lucha frente al sistema que los oprime.

La disyuntiva entre separatismo y centralismo, “slogan” y arma utilizados por la derecha, es la defensa de los intereses de grupo que constituyen el estado centralista bajo el prisma de un patriotismo seudoreligioso y dogmático. Lo utilizan asimismo para mantener su poder económico, político y social, con la alienación del pueblo. Pero la oligarquía ha cometido un error en sus cálculos. Ha considerado al pueblo menor de edad y fácil de dirigir frente a las corrientes socialistas que politizan progresivamente las masas populares.

Hoy existe una doble unidad de la mayoría de los países democráticos de estructura capitalista. Por una parte es económica, por otra tiene una base real en su estructura democrática. En España, al contrario, la unidad está impuesta simultáneamente por un sistema económico oligárquico y por un poder dictatorial, que conjuntamente dominan el país sin que siquiera pueda existir la posibilidad de una defensa democrática de la sociedad frente a este doble poder de dominación. Por ello es importante para el poder y la oligarquía mantener la alienación del pueblo, para evitar  interferencias en su poder económico, político y social.

El Partido Carlista considera que la liberación de los Pueblos que hoy componen el Estado español debe llevarse a cabo mediante una revolución que cambie las estructuras sociales, económicas y políticas actuales, para hacer posible el ejercicio de su soberanía.

El Carlismo siempre ha luchado por estas libertades, pero también esta lucha tiene como meta final que la libertad conduzca, con un sentido universalista, a la federación, es decir a la unidad, a la alianza de todos los pueblos. No puede crearse la unidad si no es por el camino de la libertad, por el acto voluntario de federarse.

Así llegamos a la primera conclusión. No hay liberación fuera del esquema socialista, no hay socialismo auténtico sin desarrollo y promoción foral. El estado, para que sea federal, debe ser un estado socialista y plural. Plural por la propia diversidad de sus componentes y por el derecho a la libertad de todos y cada uno de ellos. Socialista porque el socialismo es la vía de la liberación para todos los pueblos y para todas las comunidades, reapropiando el Pueblo los bienes que le han sido arrebatados por el capitalismo y por el estado centralista.

La segunda conclusión es la de que España no podrá ser un estado soberano mientras esa soberanía no tenga su origen en las comunidades inferiores.

El viejo concepto carlista de Fueros se presenta hoy como una propuesta global de liberación, porque el principio de autonomía debe estar basado en unos principios revolucionarios que establezcan la igualdad de oportunidades entre todos. Esta propuesta es el Socialismo de Autogestión Global. Socialismo que haga posible un federalismo que, a su vez, represente la unidad espiritual e histórica de todos los pueblos.

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