Testamento político de Don Javier (1970)

Mi Testamento

Para la hora en la que Dios Nuestro Señor me llame a rendir cuentas de mi larga vida y de los grandes deberes y responsabilidades que me impuso en sus designios, quiero dejar consignada en este Testamento Político, ante mi sucesor, mi familia, mis amados Carlistas y el pueblo español, sin lugar de dudas, la incontestable y doble legitimidad de la sucesión de nuestra dinastía, que se refiere tanto al orden sucesorio legítimo de la Corona de España como al mando supremo del Carlismo.

La legitimidad histórica de la Monarquía Española, la encarnó durante más de un siglo la Dinastía Carlista y por rigurosa aplicación de las leyes sucesorias recayó en mi persona a la muerte de mi Augusto Tío Don Alfonso Carlos, quien reiteradamente lo declaró así en solemnes documentos desde el año 1934.

A mi muerte, mi querido hijo y heredero, el Príncipe Don Carlos Hugo, será mi único sucesor legítimo y después de él, el Infante Don Carlos Javier Bernardo y los demás hijos y descendientes varones legítimos que Dios le otorgue. Si llegaran a faltar éstos, sucederá mi segundo hijo el Infante Don Sixto Enrique y sus descendientes varones legítimos. Recuerdo que es deber de todos los Infantes y demás miembros de la Familia Real que tengan siempre como el mayor honor el reconocimiento y sumisión de los Infantes al Rey, que deben al Jefe de la Familia por ser su Cabeza y Rey legítimo. Esta sumisión de los Infantes al Rey es tan importante que nuestras leyes tradicionales castigan a los rebeldes y desleales con la pérdida del derecho de sucesión al trono para ellos y para sus descendientes. Pero esta legitimidad de nada serviría si no hubiera estado, y continuara estando, revalorizada en todo momento por el servicio al bien común, en constante renovación de antiguo Pacto de la Corona con la Nación. Sin ese servicio permanente de la dinastía a las libertades y derechos del pueblo, a cuya defensa vivimos consagrados, a costa de los mayores sacrificios personales, la Monarquía en sí carecería de sentido.

Esta aceptación del Pacto la he ratificado solemnemente ante el cadáver de mi Tío el Rey don Alfonso Carlos, en 1936; posteriormente con el Juramento que empeñé bajo el Árbol de Guernica en 1937; y en 1951 en Montserrat, de mantener, respetar y defender los Fueros y libertades de todos los Pueblos de las Españas, así como con mi entrega total y la de mis hijos al servicio de la Causa de España. Mi solemne Juramento, renovación del que hicieron siempre los Reyes de las Españas, obliga a mis sucesores legítimos y en primer lugar a mi hijo Carlos. La necesidad de revisar, adaptar y poner al día los grandes principios Carlistas es constante obligación y responsabilidad de los Reyes de nuestra dinastía, en su natural y legítima evolución de acuerdo con las necesidades de los tiempos. Así también os he dejado ya consignada por escrito en documentos anteriores más extensos, y muy especialmente en el que doy con esta fecha misma, las grandes líneas de mi pensamiento doctrinal, como antes que yo lo hicieron los Reyes, mis predecesores. A este documento me remito, pues, en cuanto a la línea política que señalo a todos.

Doy gracias a la Reina, compañera de mi vida, cuya inalterable voluntad de servicio y de sacrificio me sostuvo en los momentos más difíciles.

El Príncipe de Asturias, mi fiel colaborador, que juntamente con Irene ha sacrificado tantas cosas con amor y generosidad, asegurando la continuidad directa de nuestra Dinastía en el Infante Don Carlos Javier mi nieto primogénito.

Al Infante Don Sixto Enrique, que sirvió bajo la bandera española, la cual juró en Melilla en el tercio Gran Capitán de la Legión, a las Infantas que recorrieron palmo a palmo España entera ante mil dificultades, dando el testimonio de la dinastía.

A todos aquellos otros que sin militar en el Carlismo, y aun militando en otros campos, han colaborado con su voluntad de servicio al bien de la justicia y de la libertad, aportando su trabajo y lealtad.

En fin, a todos vosotros, mi queridos Carlistas cuya tarea sigue firme para llevar a cabo la construcción política de España. Os doy a todos y a cada uno de vosotros las gracias por vuestra constancia, vuestros inmensos sacrificios, vuestra fidelidad y amor que han sido mi gran apoyo en tantos momentos difíciles de nuestra vida.

Como habéis sido leales a mi y a los Reyes que me precedieron en el trono, o en el destierro, lo seréis a mi hijo Carlos y a sus herederos legítimos en su alta y difícil misión con la más completa disciplina y total acatamiento a su persona.

A vosotros, mi queridos Carlistas, os está confiada la tarea de ser fermento de una sociedad nueva de intensa participación y constante compromiso político. Que Dios os guarde a todos y bendiga vuestros trabajos y nuestras Esperanzas.

En mi residencia de Villa Valcarlos (Arbonne), día seis de diciembre de mil novecientos setenta.

FRANCISCO JAVIER

Éste, mi Testamento Político, forma seis páginas y media manuscritas, numeradas y firmadas por mí.

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