Carta de Don Javier a su hijo Don Carlos Hugo (1973)

Mi querido hijo Carlos Hugo:

Hace ahora ventiún años que también por carta te recordaba tu deber de representarme y tu responsabilidad de heredero. Durante todo este tiempo he puesto progresivamente en tus manos gran parte del gobierno del Carlismo, para que llevases a cabo una labor de renovación y puesta en marcha del Partido, que le capacite para su lucha.

Esta lucha basada en los principios que siempre fundamentaron al Carlismo no fueron otros y no son otros hoy que los principios de la Libertad y de la Justicia que permiten el amor rectamente vivido entre los hombres y las comunidades humanas. Ahora puedo decirte con alegría para mí y para los que anhelaban con ansia este cambio y esta renovación que tu labor ha sido un éxito. Te felicito de todo corazón.

En tus trabajos has sabido plasmar mi pensamiento, tanto por lo que se refiere a la ideología como en lo de toda la actuación. Mi pensamiento que es fruto de una larga experiencia de la vida y muy especialmente de la vida política española has sabido conjugarlo con el de las nuevas generaciones frente a las necesidades de hoy. Este pensamiento, además como te he afirmado en distintas ocasiones, no era una creación mía ni tuya, sino que venía del alma del Pueblo y que nosotros conjuntamente con él formulábamos. Hoy se está concretando en el Pacto que es realidad viva de la dinámica del Carlismo.

Has sabido reforzar las estructuras de un Partido que hace de este Pacto realidad política, síntesis continuada y proyecto en marcha para la sociedad del mañana. Nuestro Partido es hoy vía de integración y participación para una juventud que, en lugar de desperdiciar la esperanza que lleva dentro, se ha constituido en militante demócrata y generosa.

Día a día hemos reconstruido el Partido junto con los mejores colaboradores surgidos del Pueblo. Estos colaboradores han puesto con ejemplaridad su vida y su trabajo a disposición de la Causa sin ningún interés egoísta y sin aceptar enfeudamiento por grupo de presión alguno. Estos hombres son los verdaderos representantes de un Partido político cuya razón de ser es el servicio a la sociedad para establecer en ella una paz social, es decir, una situación de justicia garantía de la libertad y de la dignidad de cada hombre.

Por las circunstancias que todos conocen no pude estar siempre en la lucha del Carlismo en la primera etapa de la postguerra. Gracias a la firme, sensible e inteligente visión que siempre poseyó el Carlismo superamos, a pesar de esto, situaciones difíciles. Cuando vislumbramos la urgente necesidad de su evolución hacia metas positivas parecía casi imposible su realización. Por una parte se encontraban incrustados dentro del Partido y en sus puestos rectores los que nos inmovilizaban por su integrismo; y por otra parte los que intentaban llevarnos a la colaboración con el régimen dictatorial para que fuésemos utilizados como base de su maniobra. Ambos intentaban por intereses propios, sean de orden ideológico o sean de ambición personalista impedir una dinámica popular queriendo sustituirla por corrientes contrarias al ser del Carlismo.

Hoy estos hombres, frustradas sus ambiciones e intereses militan en fuerzas o grupos que siempre combatieron al Carlismo.

Cuando te encomendé el trabajo de evolución y de despegue de estos grupos y personas, conocía las dificultades con las que tropezarías. Tenía sin embargo la seguridad que merecerías la confianza del Pueblo para defender su derecho, que de ti esperaba, como heredero, dieses vigencia al Pacto Dinastía-Pueblo.

Ahora ha hecho un año que sufrí aquel accidente que casi me costó la vida. Decidí entonces delegar en tí enteramente el gobierno del Carlismo por si yo faltase o mientras no pudiera seguro de tu acierto, y responsabilidad. En aquellos momentos le rogué a Dios que te diera fuerza para tomar las justas decisiones. Aunque hoy me encuentre casi restablecido deseo confirmar esta delegación ya que tus aciertos en ella han sido muy grandes. Deseo que sigas concretando nuestra ideología transformando esta meta ideal en un propósito posible.

Pero esta posibilidad no hubiera existido sin la realización de unas metas intermedias. Metas que representan, a pesar de los esfuerzos que hacen algunos para impedirlo, un avance.

Avance organizativo en primer lugar, que ha hecho posible una presencia cada vez más estructurada del Carlismo que le permite hoy asumir su responsabilidad de Partido cara a la sociedad y al futuro español.

Avance democrático interno en segundo lugar, pues somos hoy un Partido dentro del cual cada carlista es, a través de una militancia, partícipe de esta responsabilidad y de esta construcción democrática.

Avance cultural político en tercer lugar, a través de los cursillos de formación de los militantes, que han sido el gran medio de promoción de los carlistas al campo ideológico. Han permitido romper el privilegio de ciertos intelectuales que pretendían reservarse para ellos el monopolio de la creación ideológica del Partido. Han hecho posible estos cursillos una formación política base, hoy, de un censo responsable, condición de realización de unas Asambleas Populares de auténtica participación democrática. Han sido, en fin, instrumento de proyección de esta militancia sobre las decisiones del Partido.

No podemos ocultar que algunos en sentido impuesto han querido imponer una interpretación de la democracia que les permitiese ostentar falsamente ante el Pueblo la autoridad de la Dinastía sin cumplir con la línea del Partido, y después pretendían representar ante la Dinastía  a un Pueblo que han intentado mantener en la ignorancia. La democracia real del Partido está acabando con estos juegos. Así la democracia es hoy fuero del Pueblo y no, mediante la aplicación de una fórmula vacía de su contenido, pretexto para la ambición personal de algunos. No son carlistas aquellos que, desde fuera o desde dentro, esgrimen posiciones de poder y de prestigio personalista empleando para su defensa grandilocuentes términos marcados de un falso espiritualismo, patriotismo o carlismo. Invocan estos hombres no pocas veces una supuesta lealtad al Rey para intentar someter el Carlismo a los intereses personales suyos o de su grupo ajenos a estos intereses cuando no contradictorios con el sentir y la voluntad comunitaria del Partido.

En cuanto a la Monarquía, está íntimamente unida a un concepto de verdadera lealtad, pero de lealtad mutua. Nuestra Monarquía será vigente y válida siempre que su contenido y su función sean soporte de estas libertades que defendemos. Como fenómeno interno del Carlismo, garantiza la unidad ideológica, la unidad orgánica y la unidad de acción. En cuanto a su futuro, la Monarquía, no solamente puede presentarse como condicionante de la revolución, de la democracia y como hecho legítimo histórico, sino también como la fuerza más coherente para llevar a cabo esa Revolución Social con la cual estamos comprometidos muy seriamente. La Monarquía será elemento regulador de la democracia y freno ante el posible resurgir de los grupos oligárquicos o caciquiles.

Así la Monarquía Carlista será soporte permanente de un planteamiento de Revolución Social. Revolución que haga posible la democracia económica-política a través de un proceso de autogestión de la sociedad que permita al Pueblo alcanzar su auténtica soberanía. Aquí reside lo que siempre el Carlismo definió como Soberanía Social y que podemos llamar hoy Socialismo en Libertad.

Todo esto lo especifiqué en mi Declaración al Congreso del Pueblo Carlista en Diciembre de 1970 y próximamente en una nueva declaración lo ratificaré conforme al Pacto que hemos renovado en el último Congreso.

Por último quiero decirte cuán feliz soy por el nacimiento de tus hijos Jaime y Margarita, que, junto con el Infante Carlos Javier aseguran la sucesión. Para todos ha sido una gran alegría.

Que Dios te dé fuerzas e inteligencia, querido hijo, para que tus trabajos y tu dinamismo político estén siempre dirigidos al bien del Pueblo, a su servicio, pues tú no heredas nada, cargas con una responsabilidad que el Pueblo deposita en tí mediante Pacto, basado únicamente en el servicio a la Justicia y a la Libertad.

De corazón te abraza tu padre,

FRANCISCO JAVIER

En mi residencia de Villa Valcarlos a veinticinco de mayo de mil novecientos setenta y tres.

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