Pacto o cámara económico-social (29 de noviembre de 1978)

29 de noviembre de 1978

Proponemos una cámara económico-social y no un pacto entre el mundo del trabajo y el poder político. No proponemos un pacto a uno, dos ni tres años entre Poder y representación política o mundo del trabajo, sino una cámara económica y social que realice las negociaciones precisas, el diálogo entre la patronal y la sindical. Queremos sustituir el pacto de Estado o de Poder y proponer los acuerdos bilaterales mundo del trabajo-empresarios. El Poder podrá, entonces, mantener su postura de árbitro y una independencia en la planificación económica, a la vez que apoyar sus proyectos sobre aquellos acuerdos que harán realistas las propuestas para que sean aceptables por las partes.

El nuevo pacto, ¿para cuánto tiempo?

Un año, según los unos, porque se estima que la situación política puede modificarse sustancialmente y, por tanto, pactar para más largo plazo sería condicionar el futuro, sería condicionar el plan a una situación aún imprevisible.

Un año porque se evita pactar sobre situaciones económicas totalmente desconocidas. ¿Qué será de nuestra economía en 1980?

Un año, por fin, porque es tan urgente un plan económico que más vale pactar a corto plazo, pero pactar inmediatamente, que esperar más tiempo para poder elaborar una compleja -planificación económica, cuando quizá, precisamente por querer elaborar algo más perfecto, haya sufrido nuestra economía, entretanto, un verdadero colapso.

A tres años, dicen otros. ¿Cómo podemos relanzar una economía si el industrial no dispone por lo menos de tres años de seguridad?

Entre la decisión de invertir y la realización de las inversiones previstas, pasando por el estudio, los pedidos, los permisos, los plazos de entrega, el montaje y la puesta en marcha de una nueva planta, pasan años. Año y medio, hablando de industria ligera. En industria mediana o pesada, dos, cuatro, seis años. ¿Cómo puede un industrial lanzarse a una nueva inversión, si no tiene garantías mínimas de tres años?

La situación económica y política puede evolucionar, pero solamente en peor, si no se salva la economía este año. Y se salvará si el conjunto de las empresas invierten este año. Para salvar nuestra economía este año necesitamos crear esperanza y confianza hoy mismo. Esperanza y confianza que surgirán de una planificación económica a más largo plazo que un año por supuesto, como condición previa. El país, desde luego, necesita tres años de paz para solucionar o salir de cuatro años de crisis.

En nuestra opinión tienen razón aquellos que quieren una decisión rápida, pero también tienen razón los que dicen que aquella decisión tenga perspectivas a largo plazo. ¿Cómo compaginar ambas?

Quién pacta y con quién

El pacto a uno, dos, tres o más años se puede establecer entre los distintos protagonistas y de cuatro maneras:

– Entre el Poder y los partidos políticos.

– Entre el Poder, partidos políticos y sindicatos.

– Entre el Poder, partidos políticos, sindicatos y patronal.

– Entre sindicatos y patronal solamente.

En los tres primeros casos se trata de pactos estatales. El Poder está directamente comprometido en el pacto. Es el pacto de no agresión entre un conjunto más o menos amplio de fuerzas, que pretenden representar unos intereses concretos, y el Poder, al que se le da, luego de pactar, carta blanca dentro de aquel pacto.

En el último caso, en el pacto sindical-patronal, se trata de una entente entre los dos antagonistas sociales. Pacto de no agresión sobre la base de un tratado. Tratado, a su vez, vigilado o garantizado por el Poder, como juez exterior y superior a las partes.

En el pacto estatal, el Gobierno es simultáneamente juez y parte, y por mucho que se quiera crear comisiones de vigilancia, una de las partes dispone en casi exclusiva de la totalidad de la fuerza, porque es, a la vez, pactante,juez y poder político.

Pero no solamente dispone de esta situación de privilegio y fuerza, sino, además, tiene una justificación: es el Poder el que más riesgo corre, porque si fracasa lo pactado es el Gobierno el que tiene que irse. De modo que además de juez y parte, el Gobierno también se lo juega todo. Pedir al Gobierno ecuanimidad es pedir lo imposible.

Modalidades del pacto

El pacto puede realizarse secretamente, como el pacto de la Moncloa. O a base de relaciones diplomáticas entre los pactantes, para luego iniciar un debate abierto.

Si el pacto es estatal, entre Gobierno y otras fuerzas sociales, es evidente que el acuerdo será de hecho realizado antes de que se formalice en la Moncloa o en el Parlamento. El pacto de la Moncloa apenas fue formalizado y el Parlamento jugó el papel de cámara de registro.

Si, por el contrario, el acuerdo se realiza entre las fuerzas sociales, patronal-sindical, se formalizará fuera del Gobierno y del Parlamento. El Gobierno y el Parlamento, entonces, establecerán sus opciones de política económica en función de lo pactado, pero con cierta independencia. No existe pacto estatal, existe un acuerdo social. El Parlamento mantiene su independencia, así como el gobierno, y el secreto desaparece a nivel político.

¿Quién vigilará el pacto?

Un pacto estatal no hay quien lo vigile fuera del Gobierno, porque ¿quién puede ser el juez del mismísimo Poder? Un pacto económico-social, por el contrario, lo vigilan las partes contratantes. Ambas, patronal y sindical, tienen medios suficientes para vigilar lo pactado, pero, además, es una tradición sobre todo anglosajona el que se elija un árbitro para zanjar los conflictos que puedan surgir.

Pero quizá el aspecto más importante de la vigilancia no sea el que se respete solamente lo convenido, sino que se adapte permanentemente a las cambiantes circunstancias, a la cambiante relación de fuerza. Si se desea un acuerdo de largo alcance es preciso un instrumento de evolución de largo alcance. Por ello, precisamente, proponemos una cámara económica y social, para pactar y, también, para vigilar y hacer evolucionar los pactos.

La cámara económica y social es ese instrumento necesario para convenir los pactos o acuerdos y realizar las adaptaciones. Es el mecanismo permanente del diálogo, de la dialéctica patronal-mundo del trabajo.

Si la hemos llamado cámara, y no consejo, es precisamente, para sacarle del marco estatal o del simple apéndice consultivo del Poder. Y hacer de aquélla una verdadera institución con autonomía propia y, sobre todo, autónoma del Poder.

Conclusión

No nos parecen hoy oportunos aquellos pactos que implican al Poder directamente. En la situación actual de España, el Poder se ve o aparece como representante del capital, y el mundo del trabajo, de algún modo, como el antagonista de aquel Poder.

Buscamos la fórmula para que los antagonistas sociales puedan llegar a realizar los acuerdos convenientes y que el Poder sea independiente y neutral y esté por encima frente a aquellos antagonistas.

La función, la constitución y el mecanismo de esta cámara económica y social la estudiaremos en otro artículo, analizando las experiencias existentes en muchos países cuya situación social y política en el pasado puede considerarse comparable con la nuestra actual. Conviene, en efecto, utilizar lo ya «inventado» y evitar los dos escollos clásicos: el simple consejo «ineficaz», por un lado, y el corporativismo, por otro, que es, bajo un aspecto social, un modo eficaz de no resolver problemas, sino de controlar al mundo del trabajo.

No es nuestro ideal de sociedad que el mundo del trabajo y el capital tengan que dialogar para avanzar, pero es un paso hacia nuestro ideal el que el mundo del trabajo pueda disponer de un poder reconocido y lograr un diálogo que no dependa del paternalismo o buena voluntad de los partidos políticos, del Poder o del Gobierno.

 

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