Carta de Don Carlos Hugo al presidente del “Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella” (1961)

Bonn, 8 de junio de 1961

Querido Claro Abánades:

Celebramos hoy el centenario de Juan Vázquez de Mella. Me hubiera gustado la invitación que personalmente me hiciste hace unos días. Quiero, con esta carta, participar en la labor de los Círculos que llevan el nombre de un amigo que tanto te ha querido.

En los centenarios se acostumbra a rodear a las figuras de una aureola idealizadora que a la vez que las hace inaccesibles, aleja su doctrina de toda fecundidad para el presente. Ante otros, Mella aparece como un «católico militante y fervoroso patriota», con una personalidad empobrecedora, digna de respeto, pero circunscrito a un momento histórico.

Mella no es canto del pasado. Utiliza el pasado para exponer su sistema. La magia torrencial de su palabra no debe desviar la atención e impedir que se descubra la actualidad de sus principios. Mella fue, ante todo, el sistematizador del pensamiento tradicional español y el que desarrolló las ideas políticas y sociales del Rey Carlos VII.

La Tradición es un conjunto de soluciones que han creado los hombres y que la Historia ha acreditado como eficaces. «La necesidad –dice Mella- origina y precede a la Tradición». De ahí que cuando surgen problemas nuevos es necesario inventar tradiciones nuevas de cara al futuro. Como todos los pensadores tradicionalistas, Mella recogió las tradiciones útiles y vivas y creó aquellas que exigía la realidad. Porque la Tradición que no puede suponer nunca una coacción del pasado, es un proyecto de futuro a partir de una altura histórica.

Frente a un estancamiento de siempre arqueología histórica o a un rígido sistematismo intelectual futurista, Mella supo elaborar un sistema abierto a la creación, que aunque hundía sus raíces en la Historia, era, ante todo, la respuesta viva a la realidad política y social de su tiempo.

La realidad de su tiempo –que también es la de hoy- exigía una profunda reforma social y la instauración de un sistema orgánico «formado sobre los nuevos sindicatos, libres de toda traba, que puedan agrupar una vasta jerarquía de las fuerzas sociales de la nación»: auténticas asociaciones profesionales, que siendo órganos vivos de la sociedad, participen en la dirección de la economía nacional y ejerzan funciones de representación pública. Mella, defensor del sindicalismo, coincidió con la orientación de los obreros carlistas que en 1912 fundaban en España los primeros Sindicatos Libres y auténticamente profesionales.

Aquellos sindicalistas, con el magisterio político y social de Mella, luchaban por una nueva estructura de la empresa en la que el trabajo integral fuera un medio de participación en la propiedad. Por ello defendió la propiedad social, como medio para que las instituciones pudieran desarrollar sus fines. Defendió también la propiedad personal, que hace al hombre responsable. Pero ambas, limitadas por la consagración jurídica de su función social. Sabía que sin la propiedad no se puede ejercer la libertad.

Mella dedicó su vida a defender la libertad. Frente al absolutismo del Estado liberal afirmó las autarquías municipales y regionales. Su afirmación de la soberanía social es el medio de lograr la seguridad sin merma de la espontaneidad. España necesitaba de la libertad foral, como eje vertebrador de las instituciones locales y profesionales.

(…)

CARLOS DE BORBÓN-PARMA

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