El bautismo ecuménico de Doña Margarita y de Don Jaime (1972)

Fragmentos de Jesús Lezaun. La afonía de Ezequiel, de Cástor Olcoz, Txalaparta, Tafalla, 2009.

Tomé parte activa en dos celebraciones litúrgicas cargadas de sentido ecuménico, por cierto, en situaciones muy diversas.

La primera tuvo lugar en Holanda, donde me encontraba como invitado para administrar el bautismo a los hijos de Carlos Hugo. El cardenal Alfrink, primado de Holanda, que consiguió del Vaticano que la reina Juliana, protestante, fuera madrina en el bautismo de sus nietos, presidió una intercomunión entre católicos y protestantes (la primera que se realizaba a ese nivel). Mientras el cardenal impartía en la misa la comunión a los entonces reyes de Holanda, protestantes luteranos, yo lo hacía a la princesa heredera (la actual reina Beatriz) y a su marido príncipe Claus. Fue una experiencia ecuménica excepcional e inolvidable. (p. 78)

A finales de octubre de ese año [1972], viajé a la ciudad holandesa de Nimega para bautizar a los hijos gemelos del príncipe Carlos Hugo de Borbón (…) y de la princesa Irene (hija de los reyes de Holanda, la reina Jualiana y el príncipe Bernardo). (p. 182)

El entonces secretario del Partido Carlista en Madrid, Pepe Zavala, y el secretario de los carlistas en Navarra, Mariano Zufía, me cursaron la invitación (…) pensaron en mí, por tratarse de un navarro, de familia carlista, hombre que apoyaba a la izquierda (…).

El bautizo, que administré personalmente, tuvo lugar en la capilla de la Universidad Católica de Nimega, dentro de la misa que presidió el cardenal Alfring, primado de Holanda, famoso por sus intervenciones en el Concilio Vaticano II, especialmente por su mentalidad avanzada en cuestiones teológicas sobre ecumenismo.

Los hijos gemelos de los príncipes Carlos Hugo e Irene, nacidos en una clínica donde todavía permanecía su madre, fueron bautizados con los nombres de Jaime y Margarita. El agua, dijeron, procedía del río Jordán. (p. 183)

A la ceremonia asistieron las familias al completo de las dos ramas reales, holandesa y carlista, incluido el discutido Sixto de Borbón, que, por cierto, llegó el último a la fiesta. Parecía encontrarse allí violento. Más tarde se pasó a la rama carlista ultra y fue conocido a raíz de los trágicos hechos ocurridos en Montejurra. (p. 184)

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