Carta de Javier I a Don Antonio de Habsburgo (1958)

Mi querido Antonio:

Agradezco tu carta fechada el 10 de julio, escrita en Madrid y puesta en el correo de Hendaya el 23 de este mes, que he recibido ayer en Lignières, en la que me pides renunciar a mis derechos y deberes como jefe de la Comunión Tradicionalista Carlista de España.

Tengo que aclarar terminantemente mi posición por atención personal a ti:

La Casa Imperial de Habsburgo-Lorena-Austria había renunciado definitivamente para sí y para todos sus descendientes al trono de España en los célebres Tratados de Utrecht y Rastad, de 1713 y 1714.

La Ley fundamental de las Casas de Austria y de Borbón era la Ley Sálica. Ella excluía de la sucesión al trono toda herencia femenina hasta la muerte del último varón de la Casa.

La sola funesta derogación de esta Ley fue hecha por el Rey Don Fernando VII en los últimos momentos de su vida instituyendo como sucesor a su hija doña Isabel en lugar de su hermano Don Carlos V. De ahí el origen dinástico de las tres guerras carlistas.

Tú me pides ceder mis derechos y deberes a ti para unificar el Partido Carlista y evitar las disgregaciones entre carlistas.

No puedo ceder ninguno de mis derechos y deberes a guiar a la Comunión Tradicionalista Carlista que me fue impuesto por el Rey don Alfonso Carlos y que cumpliré Dios mediante, hasta su conclusión en la Monarquía.

Mucho menos puedo renunciar a los derechos de mi hijo Carlos, que es mayor de edad.

El rey Don Alfonso Carlos declaró que mis derechos y los de mi estirpe, a la sucesión dinástica, no se perdían por mi designación para la regencia de la Comunión Tradicionalista Carlista.

En este asunto hemos de contar con las exclusiones legales y no podemos olvidarlas.

Mi decisión de Barcelona de 1952, tuvo todo en cuenta. Esta decisión la he ratificado en muchos solemnes actos y documentos, y últimamente en mi mensaje de 12 de diciembre de 1957.

La Comunión Tradicionalista asiste en mis derechos y deberes que son los de la legitimidad tanto de origen como de servicio, teniendo presente las exclusiones legales.

La asistencia que me da la Comunión Carlista se manifiesta constantemente en todas las regiones. Esta voluntad del pueblo carlista es unánime, pues sólo hay fuera pequeños grupos que son inevitables en las cosas humanas, pero no cambian la realidad general. Espero que todos estos grupos acabarán volviendo a la disciplina y yo recibiré siempre a los buenos carlistas, como a todos los españoles.

Te pido, querido Antonio, de no continuar actualmente una escisión que ya estaba extinguida. Tus actuaciones ni pueden perturbar y ni impedir el fin y la razón de ser del establecimiento de la Monarquía en España, sostenida desde tantos años por la Comunión Tradicionalista Carlista y por tantos buenos españoles monárquicos.

Quiero recordarte también la promesa que hiciste a tu jefe de familia hace unos años de abstenerte de toda intervención en la política de España.

Que Dios te guarde, mi querido Antonio, quedo tuyo

Francisco Javier

Ligniéres (Cher) 31 de julio de 1958.

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