Archivo de la categoría: 1833 Carlos V

Real Orden sobre los Ayuntamientos (1836)

Fragmento.

La renovación de autoridades municipales para el próximo año de 1837, en todos los pueblos del reino de Navarra y provincias Vascongadas libres del yugo de la usurpación revolucionaria, se hará por regla general en la forma que prescriben las leyes y los fueros, las ordenanzas respectivas, las costumbres vigentes, con las excepciones que a continuación se expresan.

Carlos V – Real Decreto de 01-12-1836.

Anuncios

Real Decreto de creación del Tribunal Supremo Vasco-Navarro (1836)

Ministerio de Gracia y Justicia.- Excelentísimo Señor.- El Rey N. S. se ha servido dirigirme el Real Decreto siguiente:

Habiendo tomado en consideración lo que en vista del informe dado por la Real Junta Gubernativa de Navarra, me habéis expuesto sobre el lamentable abandono, en que por efecto de la usurpación se encuentra la Administración de Justicia, primera necesidad de los estados y base más firme del Solio en los Pueblos de aquel magnánimo Reino, privado de su Real Corte, del Consejo Real, y Cámara de Comptos, y ansiando dar a mis fieles Navarros, modelo de lealtad, y de valor, una nueva muestra de la paternal solicitud, que me inspiran sus virtudes y heroicos esfuerzos, vengo en resolver, conciliando en lo posible con las urgencias y circunstancias del momento, la exacta observancia de los Fueros, que solemnemente he ofrecido conservar y que conservaré fielmente durante mi Reinado. Que hasta el feliz momento que confío en el Señor se aproxima en que todo el Reino de Navarra quede libre del ominoso yugo de la usurpación, hija de la impiedad anárquica, se establezca por ahora en Estella y para lo sucesivo en el punto que sea más accesible a los Pueblos y ofrezca mayores ventajas, un Tribunal Superior compuesto de un Decano que tendrá su gobierno y dirección, otros cuatro ministros y un fiscal con voto en los negocios en que no sea parte, y a los que me reservo nombrar, autorizando además al Decano para suplir, sólo provisionalmente, la falta de Ministros en algún negocio determinado con los Auditores de mi Ejército, y no habiéndolos disponibles, con letrados del país, de lealtad, de instrucción y de virtud; que este Tribunal administre justicia en lo civil y criminal, en segunda y tercera instancia, y en primera en los pueblos en que por fuero o por costumbre debe hacerlo la Real Corte, guardando en todo con la mayor escrupulosidad los fueros y leyes del Reino y sin variar en caso alguno lo que legalmente se practicaba en la época del fallecimiento del Rey mi amado hermano (q. D. g), y que limitadas sus atribuciones a lo puramente judicial y contencioso, la Real Junta Gubernativa continúe dirigiendo durante la actual guerra, como hasta aquí, la parte administrativa, económica y de hacienda, con todas las facultades que le están confiadas y ha sabido desempeñar con un celo de que estoy satisfecho, procurando ambas autoridades la mejor armonía; que los sueldos del Decano, ministros y fiscal sean respectivamente los mismos que disfrutaban en el último Reinado, percibiendo por ahora tan sólo la tercera parte, según está prevenido por punto general, y que, en fin, reunidos en Estella los nombrados para este Tribunal con la Real Junta Gubernativa, me propongan, con carácter de provisionales, los subalternos y dependientes que conceptúen de necesidad absoluta, con todo lo que crea oportuno para que recaiga mi nombramiento y aprobación soberana.

Tendréislo entendido y dispondréis lo conveniente a su cumplimiento. Está rubricado de la Real mano, Real de Elorrio 12 de marzo de 1836.

Real Decreto de confirmación de los fueros de Vizcaya (1834)

Melchor Ferrer (Historia del Tradicionalismo Español, Tomo V, Editorial Católica Española, Sevilla, 1943, pp. 24-25).

«En los mismos días en que moría la Reina, daba Carlos V una R. O. de importancia suma, no sólo en el orden político, sino también en el orden ideológico. Carlos V confirmaba el 7 de septiembre los fueros de Vizcaya y al hacerlo establecía una mayor diferencia entre su régimen y el que el ilegítimo quería establecer en España, que era el del centralismo nivelador, el cual si bien arrancaba del cesarismo francés, había tenido su exposición y su consagración en los regímenes derivados de la Revolución francesa, tanto de la República como del Imperio napoleónico. El reconocimiento de los fueros de Vizcaya era en el orden ideológico el primer paso de la confirmación del régimen foral para toda España, que debía llevar más tarde a cabo Carlos VII, aunque lo iniciara Carlos V. En realidad, no existe Monarquía limitada, es decir tradicionalista, sin el reconocimiento pleno de todos los fueros provinciales, locales, corporativos, etc., que son los que limitan la función Real. Como decimos, es, en en realidad, el decreto del 7 de septiembre un inicio que en la época satisfacía a los carlistas vasco-navarros por el amor que sentían a las tradiciones jurídicas de sus provincias. En la evolución que en el siglo XIX tendrá el tradicionalismo, no será más que un punto de arranque y un contraste con las ideas liberales; pero luego, en manos de los pensadores, es cuando se irá extrayendo, como de una cantera abandonada, la tradición, que allí estaba como un bloque firme, y tomará fulgores de piedra preciosa, y al tallarle con sus escritos y discursos Aparisi, y más tarde Vázquez de Mella, será, en realidad, uno de los elementos fundamentales del pensamiento carlista, que ha de legarse, cual rica presea, a las generaciones sucesivas».

Sigue leyendo

Carta de Carlos V a Zumalacárregui (1834)

Echave Sustaeta dice que este documento concedía a Navarra facultades vice-regias, ya que le permitía ejercer funciones de soberanía en ausencia del Rey (El Partido Carlista y los Fueros, 1914).

Comunicación de Zumalacárregui a la Junta Gubernativa de Navarra

Comandancia general de Navarra.- El Rey N. S. se ha dignado dirigirme, firmada de su real mano, la carta siguiente:

Mi real ánimo y corazón se hallan dulcemente afectados ha ya muchos días al contemplar los heroicos esfuerzos que hacen en favor de la religión y de la legitimidad de mis derechos las provincias de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya, a las cuales nombro sin preferencia siguiendo solo el orden alfabético. Mis reales sentimientos manifestados en la alocución adjunta, quiero que se publiquen a la faz del mundo entero. Tratad, hijos míos, de reimprimirla con este grande objeto, pues vuestros hechos oscurecen ya el heroísmo de todos los pueblos. Más de una vez os he dirigido mis oficios o cartas, pero estoy con el sentimiento de que quizá no han llegado a vuestras manos. Sigue leyendo

Carlos V, Rey de España o el Duque de Elizondo (2018)

La Razón

29/08/2018

Amadeo-Martín Rey y Cabieses

Los carlistas tuvieron una vida repleta de huidas y destierros que hizo que sus reyes adoptaran diversas identidades. Cuando su sobrina Isabel II asumió la corona de España, Carlos María Isidro, o Carlos V, rey carlista de España –que usaría el título de conde de Molina tras abdicar en su hijo Carlos Luis, conde de Montemolín o Carlos VI, el 18 de mayo de 1845–, partió para Inglaterra desde Portugal a bordo del buque británico «HMS Donegal». Al llegar el 18 de junio de 1834 al puerto de Portsmouth se instaló allí provisionalmente. Decidió vivir de incógnito eligiendo el título de duque de Elizondo y preparar así, en secreto, su vuelta a España. Una noche de julio, dos semanas después de haber llegado a Inglaterra, Carlos María Isidro escapó de Gloucester Lodge, donde vivía, y tomó un coche de alquiler hasta una casa de Welbeck Street, donde le esperaban su esposa María Francisca y la princesa de Beira para ayudarle a huir. Le tiñeron el pelo de negro, le afeitaron el bigote y le vistieron con otro traje. Una de las damas responsables del disfraz dijo ahogando una risita: «Debemos de estar en tiempos muy revolucionarios para que yo me atreva a tocar así a una alteza real». Y el príncipe contestó, muy serio: «Valor señora». Con pasaporte falso, Carlos María Isidro cruzó el canal de la Mancha de Folkestone a Dieppe. El 4 de julio estaba en París y cinco días después en España. Sigue leyendo

Decretos de Santarem (1833)

I

Habiendo recibido ayer oficialmente la infausta noticia de haber sido Dios servido de llamar para sí el alma de mi muy caro y amado Hermano el Señor Rey D. Fernando VII (Q. E. P. D.), Declaro: que por falta de hijo varón, que le suceda en el Trono de las Españas, soy su legítimo heredero y Rey; consiguiente a lo que por escrito manifesté a mi muy caro y amado Hermano, ya difunto, en la formal protesta, que le dirigí con fecha 29 de abril del presente año, igualmente que a los Consejos, Diputados y autoridades, con la del 12 de junio. Sigue leyendo

Carta de Carlos VII al Marqués de Cerralbo (1895)

Mi querido Cerralbo: Ya te rogué por telégrafo que dieras las gracias en mi nombre a los muchísimos que de toda España me felicitaron ayer por mi fiesta.

Al reiterarlas por escrito, quiero, comunicarte un pensamiento que, desde hace mucho tiempo, deseo encerrar en forma concreta.

Grandes son los progresos que merced a tu inteligente iniciativa, a la cooperación generosa de todos los que te ayudan y también a la fuerza de persuasión de la verdad y de la justicia, tenaz y serenamente confesadas, ha logrado nuestra Causa. Pero si orgullosos podemos estar del presente, cúmplenos no olvidar lo mucho que debemos al pasado. Sigue leyendo