Archivo de la categoría: 1833 Carlos V

Documentos de la abdicación de Carlos V en su hijo Carlos VI (1845)

Fuente: Filosofia.org

Publicados con el título de Documentos históricos en El Pensamiento de la Nación, nº 71, Madrid, 11 de junio de 1845, pp. 376-377.

Carta de S. M. el Señor Don Carlos V al Serenísimo Señor Príncipe de Asturias

Mi muy querido hijo: Hallándome resuelto a separarme de los negocios políticos, he determinado renunciar en tí y trasmitirte mis derechos a la corona. En consecuencia, te incluyo el acto de renuncia, que podrás hacer valer cuando juzgues oportuno.

Ruego al Todopoderoso te conceda la dicha de poder restablecer la paz y la unión en nuestra desgraciada patria, haciendo así la felicidad de todos los españoles.

Desde hoy tomo el título de conde de Molina, bajo el cual quiero ser conocido en adelante.

Bourges 18 de mayo de 1845.

Firmado. – Carlos. Sigue leyendo

Manifiesto de Arciniega (1837)

Voluntarios: La revolución vencida y humillada, próxima a sucumbir a vuestro esfuerzo sobrehumano, ha librado su esperanza en armas dignas de su perfidia, para prolongar algunos días su funesta existencia; más, por fortuna, están descubiertas sus tramas: sabré frustrarlas. Para realizarlo, para dictar providencias que pongan cuanto antes término a esta lucha de desolación y de muerte, he vuelto momentáneamente a estas fidelísimas provincias; pronto me veréis de nuevo donde, como hoy aquí, me llaman mis deberes. Vuestro heroísmo interesa demasiado mi paternal corazón para que renuncie a triunfar y, si preciso fuere, a morir entre vosotros.

Voluntarios: No bastaba la continuada serie de hazañas y de prodigios que forman la historia de vuestras campañas; los cinco últimos meses llevan vuestro mérito todavía más allá de cuanto se había visto, y el cuerpo expedicionario que me ha acompañado ofrece un ejemplar sin modelo. Con sólo la tercera parte del ejército que opera en Navarra y provincias Vascongadas se han reducido las fuerzas enemigas a un número ya menor de las que hoy tengo disponibles en todos mis dominios. Habéis vencido al ejército revolucionario en los llanos como en las montañas, sin artillería como con ella. Huesca, Barbastro, Villar de los Navarros, Retuerta, serán eterno monumento de vuestras glorias; si la falta de municiones o de cooperación de algún cuerpo precisó por el momento a ceder terreno, dejasteis harto escarmentado al enemigo, haciéndole sufrir pérdida triplicada; y en las mismas retiradas, un corto número ha podido marchar seguido, no hostilizado, por más de dobles fuerzas, que no han osado atacaros cuando les habéis presentado la batalla, que ni un solo tiro han disparado contra vuestras masas; sobre todo, habéis hecho ver a la Europa que mis enemigos lo son de los pueblos; que la decisión y lealtad de éstos no puede ser mayor; que su adhesión a mi persona y su entusiasmo por mi justa y sagrada causa han arrostrado la sangrienta venganza de sus opresores; que sólo esperan vuestra protección para sacudir el yugo que los esclaviza, lo mismo en Aragón que en Cataluña, en Valencia como en Castilla. Sigue leyendo

Reales Decretos sobre la bandera de la Generalísima (1835)

Real Decreto sobre la Bendición de la Bandera Generalísima

Queriendo dar a mi valiente Ejército un nuevo testimonio que inmortalice su valor, acrisolada lealtad e inimitable decisión a favor de mis indisputables derechos al trono de mis augustos progenitores, y siendo el más noble, de más poderoso y suficiente influjo, un Estandarte que, tremolado en los campos de sus victorias, señale éstas doquiera que se encuentre, transmitiéndoles a la posteridad más remota, he resuelto que en el día de mañana, y a la hora de las ocho de ella, se celebre la bendición de él en la iglesia parroquial de San Juan, llevando por lema la divina imagen de la Virgen de los Dolores, generalísima de tantos fieles defensores de su fe, entregándose para su custodia al bravo Regimiento de Lanceros de Navarra, que, rivalizando en intrepidez y férvido entusiasmo con los demás cuerpos de mi ejército, se ha hecho acreedor a esta distinción.

Dado en el Real Palacio de Estella, a primero de agosto de 1835.- Rubricado de la Real mano.- A Don Luis de Villemur. Sigue leyendo

Manifiesto de Carlos V a los aragoneses (1834)

Aragoneses:

La muerte de mi augusto hermano sin sucesión varonil, me llamó al Trono de mis Abuelos: sensible a los heroicos sacrificios de mis Pueblos, y dócil a la voz del Cielo, no vacilé un momento en secundar los esfuerzos de la lealtad, a pesar de los obstáculos que con anticipación me habían opuesto sucesos demasiado conocidos, y cuyo desenlace necesariamente debía ser crear nuevas pasiones, y concitar todos los intereses, abusando de la debilidad de mi sobrina la Reina viuda; sus conatos empero serán vanos: la España entera está dando al mundo nuevas pruebas de su juicio, y amor a sus reyes, a cuya sombra sabe bien solo puede hallar su verdadera dicha. Esas inmortales provincias defienden con un denuedo digno de los mejores tiempos de nuestra restauración, el derecho de Agnación en la sucesión del Trono, tan solemnemente proclamado en los antiguos fueros de Aragón, que ha sido siempre el Numen titular de esta parte tan preciosa de mis Dominios, y que hoy os quiere arrancar la usurpación. Sigue leyendo

Proclama de “Carlos V, Rey de España, a sus amados vasallos” (1833)

Realizada aún en Portugal el 15 de octubre de 1833.

Bien conocidos son mis derechos a la corona de España en toda la Europa y los sentimientos en esta parte de los españoles, que son harto notorios para que me detenga a justificarlos; fiel, sumiso y obediente como el último de los vasallos a mi muy caro hermano que acaba de fallecer, y cuya pérdida tanto por sí misma como por sus circunstancias ha penetrado de dolor mi corazón, todo lo he sacrificado, mi tranquilidad, la de mi familia; he arrostrado toda clase de peligros para testificarle mi respetuosa obediencia, dando al mismo tiempo este testimonio público de mis principios religiosos y sociales; tal vez se han creído algunos que los he llevado hasta el exceso pero nunca he creído que puede haberlo en un punto del cual depende la paz de las monarquías. Sigue leyendo

Manifiesto de Abrantes (1833)

Españoles:

¡Cuán sensible ha sido a mi corazón la muerte de mi caro hermano! Gran satisfacción me cabía en medio de las aflictivas tribulaciones, mientras tenía el consuelo de saber que existía, porque su conservación me era la más apreciable. Pidamos a Dios le dé su Santa gloria, si aún no ha disfrutado de aquella eterna mansión.

No ambiciono el trono; estoy lejos de codiciar bienes caducos; pero la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión, y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos y todos los amados consanguineos, me esfuerzan a sostener y defender la corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin interrupción debe ser perpetuada. Sigue leyendo

Carta del Infante don Carlos María Isidro a Fernando VII (1833)

Mi muy querido hermano de mi corazón, Fernando de mi vida:

He visto con el mayor gusto, por tu carta del 23 que me has escrito, aunque sin tiempo, lo que me es motivo de agradecértela más, que estabas bueno, y Cristina y tus hijas; nosotros lo estamos, gracias a Dios. Esta mañana, a las diez, poco más o menos, vino mi secretario Plazaola, a darme cuenta de un oficio que había recibido de tu ministro de esta Corte, Córdova, pidiéndome hora para comunicarme una Real orden que había recibido: le cité a las doce, y habiendo venido a la una menos minutos, le hice entrar inmediatamente; me entregó el oficio para que yo mismo me enterase de él; le ví y le dije que yo directamente te respondería, porque así convenía a mi dignidad y a mi carácter y porque siendo tú mi rey y mi señor eres al mismo tiempo mi hermano, y tan querido toda la vida, habiendo tenido el gusto de haberte acompañado en todas tus desgracias. Lo que deseas saber es si tengo o no intención de jurar a tu hija por Princesa de Asturias. ¡Cuánto desearía poderlo hacer! Debes creerme, pues me conoces, y hablo con el corazón que el mayor gusto que hubiera podido tener sería el de jurar el primero, y no darte este disgusto, y los que de él resulten; pero mi conciencia y mi honor no me lo permiten: tengo unos derechos tan legítimos a la Corona, siempre que te sobreviva y no dejes varón, que no puedo prescindir de ellos, derechos que Dios me ha dado cuando fue su voluntad que yo naciese, y sólo Dios me los puede quitar concediéndote un hijo varón, que tanto deseo yo, puede ser que aún más que tú: además, en ello defiendo la justicia del derecho que tienen los llamados después que yo, y así me ves en la precisión de enviarte la adjunta declaración, que hago con toda la formalidad a ti y a todos los soberanos, a quienes espero se la harás comunicar. Sigue leyendo

Duque de Elizondo y Conde de Molina

El ducado de Elizondo es el título de incógnito que adoptó Carlos María Isidro de Borbón, reclamante legitimista de la Corona española, durante su estancia en Gran Bretaña (junio – julio de 1834).

El condado de Molina es el título de incógnito que adoptaría el 18 de mayo de 1845 Carlos V tras renunciar a sus derechos dinásticos en favor de su primogénito Carlos VI. El título, de forma reivindicativa, hacía referencia a Molina de Aragón, cuyo señorío es uno de los títulos históricos de los reyes de las Españas. Sigue leyendo