Jura de los Fueros de Vizcaya por Don Javier en Gernika (1937)

Fuente: Manuel Martorell Pérez, “Antonio Arrue, el carlista que colaboró en el relanzamiento de Euskaltzaindia”, en Euskera, nº 56, 2011, pp. 847-872.

Pero el acto que mejor ilustra la incompatibilidad ideológica entre el carlismo y el partido único fue la jura por Javier de Borbón-Parma de los fueros vascos en Gernika el 19 de mayo de 1937. El abanderado legitimista había cruzado la frontera solo tres días antes procedente de San Juan de Luz, instalándose en el señorío de Bertiz, junto a la localidad navarra de Mugaire. Durante una inspección por el frente de Vizcaya, en la que también iba acompañado, entre otros, por Arrue, se detuvieron para visitar «el Santo Árbol de las tradiciones vascas», cuando todavía se apreciaban las humeantes ruinas de la Villa Foral. Allí, según el testimonio directo de Ignacio Orbe y Vives, marqués de Valdespina, «ante el Santo Árbol, Su Alteza juró defender como Regente los Fueros Vascos y sus buenos usos y costumbres», teniendo como testigos al sacerdote navarro, capellán de requetés y párroco de Ezquiroz, Fermín Erice, que es quien le toma el juramento, en presencia de Arrue y otros tres mandos carlistas que, contraviniendo las normas «unificadas», saludan militarmente y no con el brazo en alto, como era preceptivo, vistiendo además de caqui, sin la camisa o cuello azul unificados, y tocados con la boina roja (Orbe y Vives, 1938).

Para entender el auténtico significado político de este simbólico acto, hay que tener en cuenta que se produce exactamente un mes después del Decreto de Unificación, basado en los 26 puntos de la Falange y, por lo tanto, con una concepción territorial uniformizadora del Estado en las antípodas de lo que en esos momentos estaban jurando. Igualmente; se debe valorar lo que suponía realizar ese solemne gesto cuando todavía eran evidentes las dramáticas consecuencias del castigo aéreo, precisamente por ser Gernika símbolo de esas libertades históricas, y porque apenas un mes después, el 23 de junio, otro decreto fulminaba los últimos residuos forales suprimiendo los conciertos económicos de las dos provincias «traidoras».

Este enfrentamiento entre las dos principales fuerzas políticas del llamado «bando nacional» se exteriorizó, nada más producirse el bombardeo, en otro significativo pero desconocido incidente. Gracias igualmente al testimonio de varios de sus protagonistas, se sabe que al Tercio de Begoña llegaron noticias de que un piquete falangista, perteneciente a la columna del general Sagardia, se proponía destrozar a hachazos el emblemático roble. Los mandos de esta unidad del Requeté, integrada fundamentalmente por carlistas vizcaínos, ordenaron montar un cordón de seguridad, reforzando las armas reglamentarias con bombas de mano (Martorell, 2010).

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